Fuente: EFE
05/18/2017

Teherán, 18 may (EFE).- Irán celebra mañana unas disputadas presidenciales para determinar la continuidad del moderado Hasan Rohaní o el regreso al poder de los conservadores, una elección clave para el país en la que el índice de participación puede ser decisivo.

Tanto los candidatos presidenciales como el líder supremo iraní, Alí Jameneí, y poderosas instituciones oficiales han llamado a una participación masiva que, según una reciente encuesta de la agencia estatal IRNA, rondaría el 67 %.

El sondeo mostró que el 27,8 % de los encuestados comulga con la visión de los reformistas, un 23,3 % con la de los conservadores y un 14 % con los moderados, mientras el resto indicó no inclinarse por ninguno de los bloques.

Rohaní es el candidato de consenso de los moderados y reformistas y para él han pedido el voto figuras destacadas de esta corriente como el expresidente Mohamad Jatamí y los líderes del Movimiento Verde.

Los otros dos aspirantes de este bando, el primer vicepresidente Eshaq Yahanguiri, y el exministro Mostafa Hasemitaba, o han renunciado a la carrera electoral o han anunciado que votarán por Rohaní.

Por su parte, el frente conservador o principalista está representado por el clérigo Ebrahim Raisí, custodio de la fundación del mausoleo del imán Reza en Mashad, y por el exministro de Cultura Mostafa Mirsalim.

Los conservadores, no obstante, se han volcado con Raisí, cuya candidatura fue también respaldada por el alcalde de Teherán, Mohamad Baqer Qalibaf, tras retirarse de la carrera presidencial.

Los votantes conservadores suelen ser más fieles por lo que una alta participación puede inclinar la balanza a favor de Rohaní ya que significará que los reformistas desilusionados con los lentos cambios y aquellas personas contrarias al sistema han decidido apoyarle, según diplomáticos y analistas consultados por Efe.

En 2013, cuando Rohaní ganó en primera vuelta a varios rivales principalistas, la participación fue de casi el 73 %.

Ahora, el clérigo ha intentado movilizar a su potencial electorado advirtiendo de las posibilidades a un regreso al aislamiento internacional y a la restricción de libertades si gana Raisí.

El conservador se ha centrado en prometer una mejora de la situación económica, mano dura para que las potencias cumplan con el acuerdo nuclear firmado en 2015 y la salvaguarda de los principios islámicos.

La participación es por ello muy importante también para el propio régimen, que ve en una masiva afluencia a las urnas la mejor legitimación posible a su denominada democracia islámica.

El líder supremo ha asegurado que participar en las elecciones es determinante para mostrar que "hay libertad" en Irán y para preservar "la seguridad nacional".

"Los responsables estadounidenses, europeos y los del régimen sionista vigilan nuestras elecciones para ver el nivel de participación", dijo ayer Jameneí.

Casi 57 millones de iraníes están llamados a las urnas mañana para elegir un nuevo presidente y a sus representantes en los Consejo Municipales, aunque estas segundas elecciones despiertan menos pasión.

Las autoridades han habilitado 63.000 centros de votación y van a desplegar a 300.000 efectivos de seguridad, que ya desde anoche empezaron a adoptar ciertas medidas de seguridad como el corte de avenidas en Teherán.

Y es que la campaña electoral ha saltado a las calles de la mano de los seguidores de los candidatos, principalmente los de Rohaní, que durante la última noche colapsaron varias arterias del norte de la capital.

Conductores haciendo sonar sus bocinas y con lazos y globos morados (el color de Rohaní), jóvenes repartiendo pasquines e instando a votar por el clérigo moderado inundaron las calles, según pudo constatar Efe.

Los partidarios de Rohaní, que en algunos puntos se encontraron con los de Raisí, hacían el símbolo de la victoria, en unas escenas que la Policía quiere evitar que se repitan durante la jornada de reflexión.


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