Fuente: Nancy Escobar @NanEscobar72 calexicon@gmail.com
01/10/2018

Este primer fin de semana del año nuevamente este personaje tiene ocupados a los medios de comunicación, a los analistas y por supuesto a la gente que lo eligió: Donald Trump.

Un libro desató su acostumbrada forma explosiva de reaccionar. Fire and Fury, inside the Trump White House, de Michael Wolf, relata a través de entrevistas con más de 50 colaboradores del presidente de Estados Unidos, cómo es el día a día en la casa presidencial.

Es un retrato realista de quién es el mandatario más polémico de las últimas décadas. Y todo quedaría ahí de no ser por los cientos de calificativos con los que lo describe.
En las páginas del libro lo llaman chismoso, showman, intolerante, niño berrinchudo, de ultraderecha, alguien sin medida a la hora de hablar, con exceso de confianza.
Pero quizás lo más preocupante, está en la valoración que hacen siquiatras, especialistas en temas mentales sobre su estabilidad emocional y mental.

Esos análisis de expertos de la Universidad de Yale ponen al mandatario de la nación más poderosa del planeta como alguien inestable, con cero tolerancia, con una capacidad de perder el control como pocos líderes del mundo.

La respuesta, inmediata ante los calificativos vino en su mayor escenario: Twitter. El Presidente se defendió y dijo que a lo largo de su vida "mis dos grandes cualidades han sido la estabilidad mental y el ser, como, realmente inteligente, soy un genio muy estable".

Algunos ejemplos para debatir esa estabilidad de la que presume el mandatario republicano está en los hechos.

A unos días de comenzar su gobierno, y como si llevara prisa, intentó echar para atrás algunas medidas que fueron reformas reconocidas del ex presidente Barack Obama. Es decir, decidió que el Obamacare ya no servía y lo ha saboteado financieramente ya que no pudo derogar la ley, al menos el ataque funcionó.

Decidió que todos eran sospechosos de terrorismo por el hecho de provenir de siete países de mayoría musulmana, aún aquellos que tenían décadas de ser productivos para Estados Unidos. Su prohibición a viajeros ha sido rebatida en varias ocasiones, y cada vez él vuelve a reaccionar.

Cerró la puerta a los Dreamers, a los que había prometido no tocar, ni ponerlos como condición para el dinero que necesita para construir el muro en la frontera con México. Al final les puso un tiempo límite y el panorama es negro para cientos de miles.

Tomó como medida unilateral que Jerusalén se convirtiera en capital de Israel, pasando por encima de un antiquísimo conflicto territorial. Y eso que su equipo de trabajo buscaba que se retomaran las negociaciones entre los grupos confrontados en Medio Oriente. De un día para el otro le da un golpe a cualquier proceso de paz.

Lo más preocupante para los que ven pasar los desplantes de Trump es lo que ocurre con Corea del Norte. Mientras el presidente norcoreano presume su industria nuclear, el mandatario de EU responde con amenazas de mayor nivel.

El punto crítico ha llegado al límite de decir que su botón nuclear era mayor que el de su rival. Es decir, al nivel de un niño que presume que sus canicas son más bonitas que el del otro con el que sale a jugar al patio.

Y aunque algunos "patriotas" defienden a contracorriente su popularidad, con velocidad están perdiendo argumentos ante la realidad. El ejecutivo estadounidense ha cumplido las promesas a quienes lo eligieron. Ese es el punto a su favor, quizás el único.

¿Hay elementos para creer que Trump está bien de sus facultades mentales? O bien ¿hay que dudar y pensar que necesita atención inmediata? Usted decida.


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