Fuente: EFE
03/14/2018

Moscú, 14 mar (EFE).- El líder ruso, Vladímir Putin, viajó hoy a Crimea para hacer campaña a falta de cinco días para unas elecciones presidenciales que se han visto empañadas por el terremoto diplomático con Londres provocado por el envenenamiento del doble agente Serguéi Skripal en el Reino Unido.

"Hace cuatro años tomasteis una decisión histórica. Gracias a vuestra decisión, Crimea y Sebastópol volvieron al redil de nuestra patria común, la casa de nuestra Madre Rusia", dijo Putin dirigiéndose a los crimeos durante un mitin en el puerto de Sebastópol.

Putin tenía motivos más que suficientes para viajar a Crimea, ya que esta semana se celebran cuatro años del polémico referéndum de reunificación y de la anexión formal de la península antaño ucraniana.

Precisamente, el Kremlin pospuso los comicios para hacerlos coincidir con el aniversario con el objetivo de aprovechar como tirón electoral la ola patriótica que recorre este país desde la anexión y la intervención en Siria.

Putin recordó también que los crimeos restablecieron una "justicia histórica" que había sido violada en tiempos soviéticos, "cuando Crimea y Sebastópol le fueron arrebatados ilegalmente a la Federación Rusa".

Además, viajó al estrecho de Kerch, que separa la península de la Rusia continental, para supervisar la marcha de la construcción del que será el puente más grande de Europa y llamó a acelerar los trabajos para abrirlo en verano para el tráfico rodado.

El puente de Crimea, por el que circularán tanto coches como trenes, tendrá 19 kilómetros de largo y romperá el aislamiento que hipotecaba el desarrollo del territorio de dos millones de habitantes.

Como en anteriores ocasiones, la Cancillería ucraniana recordó que cualquier visita a la "provisionalmente ocupada" Crimea de funcionarios rusos es una violación de la integridad territorial de Ucrania.

No obstante, ese es el menor de los problemas de Putin, que ve cómo sobre su país se avecina una nueva tormenta internacional y una nueva andanada de sanciones debido al "caso Skripal".

La primera ministra británica, Theresa May, cumplió hoy sus amenazas y expulsó a 23 diplomáticos rusos del Reino Unido, medida que podría ser secundada por otras como la congelación de activos y el cierre del canal ruso RT.

"Son diplomáticos rusos representantes de la agregaduría militar. La lista nos ha sido remitida. Ese personal debe abandonar el territorio británico en el plazo de siete días", dijo María Zajárova, portavoz de Exteriores.

Enfrascado en la recta final de la campaña, Putin aseguró esta semana que Rusia no entraría en conjeturas hasta que Londres aclarara lo ocurrido con Skripal, uno de los muchos rusos atacados o muertos en extrañas circunstancias en territorio británico en los últimos años.

El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, echó mano de la ironía al acusar hoy a Londres de actuar según el principio de que "la sospecha es la madre de todas las pruebas" y de que no ha presentado ningún argumento creíble.

"Sin la presentación de hechos concretos nos veremos obligados a responder a los abiertamente burdos intentos de confundir a la opinión pública internacional", insistió.

Aseguro que Rusia sigue dispuesta a responder a cualquier solicitud en caso de que esté en consonancia con la convención sobre la prohibición de armas químicas.

Le contradijo en cambio el jefe de la Agencia Federal Médico-Biológica de Rusia, Vladímir Uiba, quien aseguró que el agente nervioso "Novichok" (Novato) usado en el envenenamiento de Skripal y su hija Yulia- ambos todavía en estado crítico- no forma parte de la convención a la que aludió Lavrov.

El experto explicó a la agencia Interfax que ese gas no figuraba dentro del arsenal químico que Rusia terminó de destruir en 2017, independientemente de lo que diga el Gobierno.

No obstante, una vez anunciadas las sanciones, a Rusia no le queda otra opción que contestar no de palabra sino de obra y la Cancillería adelantó que ya está preparando su respuesta, que calificó de "simétrica".

May también propinó lo que muchos consideran un golpe bajo, ya que anunció que ningún miembro de la familia real británica acudirá al Mundial que Rusia organizará por vez primera este verano y la prensa incluso ha informado sobre un posible boicot de la selección inglesa, algo considerado muy improbable.

El comité organizador del Mundial de Rusia lamentó que algunos mezclen "la política con el deporte", pero negó que la ausencia de la familia real influya en los preparativos para el torneo.

El contencioso ocurre sólo tres meses después de que el ministro de Exteriores del Reino Unido, Boris Johnson, llamara en una histórica visita a Moscú a "pasar página" en el tema de las injerencias rusas en los procesos electorales occidentales por el bien del mundo.

Ignacio Ortega


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