Fuente: Nancy Escobar @NanEscobar72 calexicon@gmail.com
03/14/2018

Decía mi abuela que las mujeres están aquí para sufrir, pero lo hacía mientras leía las cartas, preparaba ungüentos y atendía su negocio propio; mientras se movía de un lado para otro, cocinaba, atendía a sus cinco hijos y hacía la limpieza de su casa aún con las muletas que la polio le dejó desde niña.

El dictado de varias generaciones en nuestra América Latina se ha encargado de reforzar el papel sumiso y silencioso de la mujer. Pero los hechos han venido a transformar la cultura y las tradiciones.

Ahora, pasada la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, es preciso reforzar la teoría  que todos deberíamos ser feministas como bien lo apunta la escritora, novelista y dramaturga feminista nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie, quien sugiere, y secundo, entérate de las injusticias que sufren las mujeres y lee sobre los problemas actuales y el enfoque de género, equidad no significa discriminar.

La escritora sugiere además pasar de la defensa hablada, del activismo en redes sociales, a la acción, es decir, a involucrarse, a colaborar con organismos locales y mundiales (inspiring girls, ONU Women, Women for Women) que defiendan, promuevan proyectos, alienten y den seguimiento a conflictos de género. 

Pero además de todos esos pasos, desde mi perspectiva, la educación corre desde casa. A mi abuela, su madre y su abuela le enseñaron que las mujeres venían a este mundo a sufrir, como a las millones de africanas que han sufrido ablación del clítoris, generaciones anteriores a las que les enseñaron que su cuerpo era sinónimo de pecado y por eso debían ser mutiladas.

En tanto yo le enseñe a mi hija, que no está bien pensar en el sacrificio natural por el solo hecho de ser  mujer, mientras yo la empodere y le ayude a creer en sus fortalezas y en que las mujeres y los hombres son individuos igual de valiosos, estaré haciendo un buen trabajo para nuevas generaciones.

Pero no sería completo, si no considerara que debo educar a mi hijo en el respeto a él mismo, en el respeto a otros. En que no es un ser especial que por sólo ser hombre de nacimiento está destinado sólo a recibir. Mientras él aprenda a aceptar su lado femenino, mientras sepa que puede llorar si sufre, entonces estaré haciendo un gran trabajo.
Firmemente, creo que si mantenemos esas pequeñas batallas y vencemos, mucho estaremos aportando para que no haya otra Rosa Parks, que no haya más muertas de Juárez, que no se repitan los casos de costureras ejecutadas, que nunca más tenga que callar nadie sólo porque vino a este mundo a sufrir.


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