Fuente: EFE
04/15/2018

Viena, 15 abr (EFE).- Viena rinde homenaje a uno de sus más célebres hijos: el arquitecto, urbanista y profesor Otto Wagner (1841-1918), cuyas obras, revolucionarias y provocadoras en su época, son hoy hitos del paso del historicismo a la modernidad.

"Wagner fue un adelantado a su tiempo que se vio obstaculizado por el espíritu conservador de la Viena de entonces", dice en una rueda de prensa Andreas Nierhaus, comisario de una exposición que el Museo de Viena dedica al arquitecto con motivo del centenario de su muerte, el 11 de abril de 1918.

La ciudad que lo vio nacer celebra este jubileo no solo con varias exhibiciones, sino también con simposios, películas y nuevas publicaciones.

Las obras de Wagner, desde la Caja Postal de Ahorros hasta la Iglesia de San Leopoldo (Steinhof), pasando por las estaciones del tren urbano y de cercanías, han dejado un sello inconfundible en la capital austríaca y son hoy puntos de atracción turística.

Pero debido a la incomprensión de muchos de sus conciudadanos, otros de sus proyectos nunca fueron acabados, recuerda Nierhaus.

Wagner pasó diez años de su vida diseñando un museo en honor a su ciudad en la céntrica plaza de San Carlos (Karlsplatz) que nunca se llevó a cabo.

El espacio previsto entonces lo ocupa ahora, en parte, el Museo de Viena, que hasta el próximo 7 de octubre reúne más de 500 objetos -diseños, modelos y muebles del arquitecto- para repasar, en orden cronológico, su vida.

La exposición se completa en otras dos localizaciones: el pabellón oeste de la estación de metro de Karlsplatz y el pabellón de la estación de Hietzing.

Ambos fueron diseñados por Wagner en el proyecto más ambicioso de toda su carrera: el rediseño del tren urbano y de cercanías de Viena, entonces capital del gran imperio austrohúngaro.

"Fue una obra muy compleja en una ciudad que no paraba de crecer y se convertía en una metrópolis", explica a Efe Eva Ottillinger, conservadora del Museo del Mueble de Viena, que también dedica una exposición a la obra del célebre diseñador.

Para Wagner, el arquitecto "debía centrarse en el exterior pero también en el interior, como parte de un todo".

Por eso, en el proyecto del tren urbano (hoy convertido en gran parte en metro), Wagner, precursor del modernismo, diseñó el interior de más de treinta estaciones, así como viaductos, túneles, puentes y barandillas.

Con la elegante sencillez del Jugendstil, siguen vigentes más de un siglo después.

Además, junto a sus discípulos y colaboradores, entre los que se encontraban futuros arquitectos famosos como Adolf Loos, Josef Hoffmann o Josef Olbrich, recurrió a materiales novedosos.

Pese a insistir en la funcionalidad, Wagner "siempre pensó que el arquitecto debía ser también artista", apuntó Ottillinger.

En las fachadas de la Casa de Mayólica y en la Casa de las Musas, dos edificios de apartamentos en el distrito seis de la capital, integró coloridas cerámicas y diseños florales en tonos dorados.

La tercera de las mayores exposiciones sobre el artista abrirá el próximo 30 de mayo en el Museo de Artes Aplicadas, donde se analiza cómo Wagner supo adaptarse al contexto histórico en el que vivió y reconocer la necesidad de "nuevos tipos de construcciones".

Entre ellas hay edificios de la administración civil, como la Caja Postal de Ahorros (1903-1906), próxima a la avenida del Ring, un edificio monumental de ocho pisos que ocupa toda una manzana, con un diseño minimalista.

Tal y como apuntó Ottillinger, es muy luminoso gracias a un techo de cristal y cuenta con una gran cantidad de escaleras y pasillos.

Además, el visionario arquitecto "tuvo en cuenta que era un lugar de trabajo" a la hora de diseñar las sillas o cajoneras "lo más cómodas y funcionales" posible.

Algunos de esos objetos originales se pueden admirar ahora en la muestra del Museo del Mueble.

Wagner utilizó el aluminio como elemento decorativo tanto en el edificio de la Caja Postal de Ahorros como en la famosa Iglesia de San Leopoldo que, construida entre 1904 y 1907 en los jardines de la institución psiquiátrica Am Steinhof, es considerada un icono de la arquitectura modernista.

En sus últimos años llevó al extremo sus principios: la sencillez y la funcionalidad son los elementos más destacados de proyectos como el hospital Lupus (1908-1913) o la segunda Villa Wagner (1912), ambos en las afueras de Viena.

Además de sus numerosas obras, Wagner, ligado al movimiento de la Secesión Vienesa, dejó un importante legado teórico e intelectual, tanto como catedrático de arquitectura en la Academia de Bellas Artes de Viena como en sus escritos.

Ante sus alumnos proclamó que los artistas deben "representar a su tiempo", una premisa a la que se mantuvo fiel toda su vida.


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