Fuente: EFE
04/15/2018

Tarija (Bolivia), 15 abr (EFE).- El convento franciscano de Tarija (Bolivia) atesora cuatro siglos de historia, testimonio vivo del puente entre Europa y América que tendieron los frailes evangelizadores y que perdura hasta hoy a través del arte y los miles de libros que custodia.

"La gloriosa época misional" no ha quedado solo guardada en el archivo, biblioteca y museo Fray Francisco Miguel Marí que aúna el Centro Eclesial de Documentación de esta ciudad del sur boliviano, comenta a Efe su responsable, Manuel Gómez.

Si no que "la vitalidad" de aquella época sigue viva en nuestros días a través del arte y de un inmenso fondo bibliográfico, resalta el director de investigaciones del centro.

Los frailes pasaban entonces dos años estudiando lenguas indígenas, además de teología y filosofía, y hoy vienen a estudiar su legado investigadores de Alemania, Estados Unidos, Reino Unido, la vecina Argentina o México.

Desde que en 1606 llegaran del viejo continente al nuevo mundo, para difundir su fe en el Gran Chaco, repartido luego entre Argentina, Bolivia y Brasil, ese legado nunca dejó de crecer.

La casa de estudios fundada por el padre Lorenzo Calzada mantiene vivo en sus fondos todo "el proceso histórico religioso" que acercó Europa y América, en palabras del director.

"Es como transportarse en el tiempo a la época misional", sentencia, pero sin quedarse en aquel pasado, porque su biblioteca moderna sigue creciendo, sumando ya unos 50.000 volúmenes, y las salas de arte llegan hasta las tendencias de la época actual.

Quizás los ecos del Colegio de Propaganda Fide del siglo XVIII, creado para convencer a los no creyentes de entonces, resuenan en una vieja imprenta, rodeada de máquinas de escribir, convertidas en piezas de museo con la llegada de las computadoras, y cámaras de fotos que jubiló la era digital.

La vieja botica es otro de los testigos de este paso imparable del tiempo, en un ambiente de austeridad que imprimió el fundador de la orden franciscana, san Francisco de Asís.

Un relato temporal que recorre de Lima a Potosí (Bolivia) el arte que mezcló lo europeo con lo americano, en la antigua enfermería del convento convertida en pinacoteca de la época colonial.

Las escuelas italiana y flamenca se funden con la potosina y cuzqueña en un recorrido que arranca en el siglo XVI y llega hasta nuestros días con pinturas y esculturas de autores que van de Italia a Bolivia, del origen trentino de Ermenegildo Franzoi a las referencias aimaras en la obra de Pedro Viracocha.

Otras obras como el Cristo de Tarairi descansan ahora seguras tras haberse salvado milagrosamente de la Guerra del Chaco a mitad del siglo XX, cuando una bomba destruyó la iglesia y solo quedó el altar con esta imagen.

El milagro se obra también al entrar en la biblioteca antigua, un auténtico tesoro con más de 10.000 volúmenes, desde el más antiguo escrito en cuero hasta libros de cántico gregoriano, reducciones o misiones entre infieles y libros de memorias pías y capellanías, entre un sinfín de historia.

Su paredes repletas de volúmenes del suelo al techo, el olor inconfundible a papel sepia, la tenue luz a través de los ventanales, transportan al típico espacio que parece condensar el tiempo al final de este recorrido entre dos continentes.


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