Fuente: EFE
07/08/2018

Islamabad, 8 jul (EFE).- Cuando faltan menos de tres semanas para las elecciones generales del 25 de julio en Pakistán, el último primer ministro paquistaní, Shahid Khaqan Abbasi, pone en duda la legitimidad de los comicios, algo que achaca a la cultura de un país que ha vivido la mitad de su historia con gobiernos militares.

"Yo tengo dudas acerca de la transparencia y legitimidad de las elecciones", reconoce el político de 59 años a Efe durante una frenética jornada electoral en Bhara Kahu, una modesta zona de calles estrechas llenas de baches a las afueras de Islamabad.

Son las 10.30 de la noche y Abbasi se detiene entre mitin y mitin en una vivienda para reunirse con vecinos y líderes locales. Allí, en una abarrotada habitación, el ex primer ministro expone a Efe el problema de raíz que acompaña a Pakistán desde la partición del subcontinente indio e independencia de los británicos en 1947.

"Tenemos una historia de gobiernos no democráticos en Pakistán y las interferencias en las elecciones han sido comunes. Las dos últimas estuvieron relativamente libres de interferencias y esperábamos que en esta ocasión la situación fuese a mejor, pero no está siendo el caso", señala el ex primer ministro.

El mandato de Abbasi ocurrió de forma casi accidental.

A su antecesor, Nawaz Sharif, lo inhabilitó hace un año el Tribunal Supremo por no revelar un salario que ya no recibía de una empresa de un hijo, lo que llevó a Abbasi de manera inesperada el pasado agosto a relevarle al frente del Ejecutivo.

Pero para Sharif los problemas con la justicia no acabaron ahí y hace dos días un tribunal anticorrupción lo condenó a 10 años de cárcel por no explicar la procedencia de los fondos usados para adquirir en los años 90 cuatro pisos de lujo en Londres.

La inhabilitación y condena del tres veces primer ministro y líder de la Liga Musulmana (PML-N) han sido extremadamente polémicas en Pakistán y Abbasi se tomó su tiempo para responder a la pregunta de por qué ocurrió.

"Quizás las políticas (del Gobierno) fueron conflictivas para los poderes establecidos", respondió siguiendo los códigos paquistaníes.

La expresión "poderes establecidos" es uno de los eufemismos más frecuentes con el que se hace referencia en Pakistán al todopoderoso Ejército, que ha gobernado el país la mitad de su historia e incluso en las etapas democráticas continúa ejerciendo una gran influencia.

El problema del PML-N para las inminentes elecciones generales no se limita sólo a Sharif.

Oros líderes de la formación, Abbasi incluido, se están enfrentando también a acusaciones de corrupción, han sido detenidos o no han logrado pasar los filtros de la Comisión Electoral para ser candidatos.

Además medios que se perciben afines al PML-N están sufriendo dificultades para seguir informando, como la televisión Geo que en abril permaneció un mes fuera del aire sin que nadie explicase el motivo o el diario Dawn, que tiene problemas de distribución desde que publicó una entrevista con Sharif el pasado mayo.

"En un país que ha pasado la mitad de su historia bajo gobiernos militares, hay una cierta cultura, unas ciertas prácticas que lleva tiempo que desaparezcan", subraya Abbasi, con tres décadas de experiencia política a sus espaldas.

El principal beneficiado de las dificultades que atraviesa el PML-N es el partido Tehreek-i-Insaf (PTI) de la exestrella de críquet Imran Khan, al que dos encuestas señalan ya como el líder más votado en los próximos comicios.

A pesar de las dudas y las dificultades, Abbasi recordó que el PML-N acabó su mandato, algo "que nadie creía", lo que supone que por segunda vez en la historia paquistaní un Gobierno finaliza una legislatura y otro será elegido en las urnas para sustituirlo.

Ningún primer ministro ha compartido sin embargo la suerte de los dos últimos partidos en el poder: uno de los antiguos mandatarios fue asesinado, otro ahorcado por orden de los tribunales y varios obligados a dimitir por el presidente o inhabilitados por el Tribunal Supremo.

Pero el pasado no parece suponer una losa para Abbasi, que casi de madrugada se levanta enérgico de la silla y, sin apenas despedirse, avanza imparable entre la muchedumbre hacia su próximo mitin, perdiéndose en un todoterreno por el laberíntico barrio.

Entre su nueva audiencia, el ex primer ministro reclama el voto por el PML-N porque apoyarlo, dice, es sinónimo de democracia, y remarca que la obligación de cada institución es limitarse a sus funciones, en referencia al Ejército, al que no menciona.

Y mientras detalla su programa electoral, de fondo suena incesante el generador que ilumina el pequeño mitin, un sonoro recuerdo de que el PML-N no ha logrado cumplir con una de sus principales promesas: acabar con los cortes eléctricos.


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