Fuente: EFE
10/12/2018

Buenos Aires, 11 oct (EFE).-Sensibilidad, ambición artística, memoria prodigiosa y, sobre todo, horas de ensayo distinguen a los integrantes del Coro Polifónico y la Banda Sinfónica de Ciegos de Argentina, dos agrupaciones únicas en el mundo y que hoy deslumbraron con una concierto en Buenos Aires.

Con un repertorio muy variado, clásico y moderno, ambas agrupaciones, que dependen de la Secretaría de Cultura de Argentina, se presentaron, por primera vez en mucho tiempo, juntas, sobre el escenario de la sala principal del Centro Cultural Kirchner.

El virtuosismo de estos músicos, de todas las edades y de diferentes partes del país, es realmente asombroso, así como el trabajo de los directores y del resto de los integrantes de ambos elencos que ayudan a que el resultado deje boquiabiertos a los espectadores.

"Al ser ciegos y tener la anotación en Braille, no pueden ejecutar el instrumento y leer la partitura a la vez. De manera que tocan toda la música de memoria. Ése es uno de los mayores desafíos que tienen los integrantes de esta banda", dice a Efe Federico Sardella, quien desde principios de este año es director titular de la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos.

La banda, cuyo origen se remonta a 1939, cuando Pascual Grisolía creó una escuela de instrumentos de viento en el Patronato Nacional de Ciegos, está integrada por unos 60 músicos, todos profesionales, ciegos o con una capacidad visual de hasta un 30 %, y que ensayan cinco días a la semana.

Sardella contó que dirigir la banda "es un desafío muy grande porque no hay una metodología establecida para trabajar" y los códigos gestuales típicos de los directores para dar indicaciones a los músicos no aplican en este caso, por lo que hay que desarrollar un lenguaje propio para la banda.

En este caso, el "tempo", una información básica que necesita un músico para poder ejecutar, es indicado por el director con dos marcas sonoras, dos golpes de batuta sobre el atril que los oídos altamente sensibles de estos artistas lograr distinguir perfectamente, aún cuando todos los instrumentos suenan al unísono y con toda intensidad.

Esta banda sinfónica, la única en el mundo compuesta por músicos ciegos profesionales y de índole estatal, es, según destaca su director, "ecléctica y muy ambiciosa a la hora de explorar nuevos repertorios", incluso de rock.

En tanto, el coro de ciegos, también único en el mundo por sus características y uno de los nueve elencos estables de música y danza del Estado argentino, está conformado por más de medio centenar de coreutas y, como la banda "hermana", sorprende por la belleza sublime de sus interpretaciones.

"Hay que explorar los caminos de la comunicación ya que lo gestual está impedido. Hay algunas pautas sonoras, mi respiración, pero, sobre todo, mucho ensayo", afirma a Efe Osvaldo Manzanelli, director del Coro Polifónico Nacional de Ciegos.

También en este caso, los coreutas aprendan con partituras en Braille, las cuales pueden tener en sus manos en el concierto, aunque, en la mayoría de los casos, las saben de memoria para cuando llega la hora de salir al escenario.

"Tienen una percepción y un nivel de atención muy desarrollados porque tienen que estar alertas a las consignas, a los encuentros, a los cortes y las consideraciones", señala Manzanelli.

E coro tiene sus orígenes en la formación en 1942 de una agrupación de tipo escolar que pronto rebasó esos niveles para transformarse en un conjunto profesional que, a la vez de ser un canal de expresión artística, constituye una fuente laboral para los ciegos que eligieran la música como medio de vida.

"Cada vez que se presenta en un escenario, el coro lleva un emblema tácito de la superación que implica poder integrar este conjunto", destaca Manzanelli.

Gerardo Kessler, solista de saxo alto en la banda y quien hace dos años entró por concurso a la agrupación, cuenta a Efe que para los músicos ciegos es "muy complicado conseguir trabajo".

"Por eso, que existan organismos como éste, es un orgullo nacional. Es algo maravilloso", afirma Kessler, que tiene 35 años y se volcó a la música a los 18 años, cuando quedó ciego.


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