Fuente: Annia Ossandón
10/31/2018

Cada año, en Edén Lake de Black Mountain en North Carolina, se celebra un evento que une a la comunidad de esta parte del mundo. 

Desde que lo supe, siempre sentí entusiasmo por ir y ganas de interiorizarme de cada detalle, y como todo llega siempre, ayer sábado me parecía que estaba entrando en las páginas de un libro de cuentos, colores, aromas, sonidos de la naturaleza y música que se expandía hacia todos los ángulos del lago.  

El viento limpio y fresco de la mañana parecía dar la bienvenida a los visitantes y yo con mi mate en la mano derecha y el termo con agua caliente en la izquierda me dispuse a recorrer cada área con todas sus tiendas y originalidad, pero sobre todo: escuchar a cada banda. 

El lugar resultaba sumamente atractivo, debido a que estaba rodeado por carpas de todos los tamaños y colores, en las cuales sus habitantes habían pasado la noche y seguramente se disponían a quedarse otra más. 

La organización cree en el auténtico intercambio de música y arte que crea caminos para comprender mejor la cultura y cómo nos conectamos con los demás. 

Todos los que estábamos ahí éramos "LEAFers".

El objetivo del festival es invitar a quienes asistimos a transformar vidas, fortalecer la comunidad y fomentar la unidad, a través de la cultura de LEAF, que ama compartir y nos anima a conocer una tradición o un preciado "festival secreto", con personas como nosotros. Sí que lo lograron porque yo me sentía súper identificada con la mayoría. 

El Festival trae a casa todo el trabajo de LEAF y abre la oportunidad para la celebración y la conexión. Es el momento y el espacio para reunirnos con nuestro mejor ser, relajarnos, recargarnos y comprometernos. Todo eso me pasó a mí ayer: andaba compartiendo con la mejor persona de mi vida, con quien más me gusta estar y a quien quisiera conocer a fondo: yo misma. Me relajé después de una semana intensiva, plena de actividades y hasta me quedé dormida al lado de una chimenea, esperando por una persona que vendría a contarnos un cuento. 

Desperté en medio de las risas de los niños y sus padres que escuchaban atentos una alucinante historia de otoño. Recargué mis pilas, que normalmente son infinitas, sin embargo de vez en cuando bajan a menos cero su energía y me comprometí a quererme más, a no dejar que me afecten los acontecimientos, sino a educar mi manera de abordarlos, porque entiendo que eso es más cercano al estado de estar feliz. 

En los diferentes caminos, conocí a varias personas de diferentes nacionalidades. Estuve hablando con Alonso, de México, un lindo ser de cabello largo y negro azabache que vive en Hotspring, muy cerca de aquí. También disfruté de la historia de vida de Natalia, una chica costarricense que vino a conocer al nuevo marido gringo de su mamá. Nos reímos mucho mientras tomábamos mate... momentos adorables. 

A propósito de Mate, creí estar soñando al ver un stand donde decía Mate Factor... una comunidad de personas extraordinarias que aprendieron a cultivar la tradición del mate, descubriendo su sabor y propiedades. Fue mágico el intercambio de palabras y costumbres. Ellos viven en una comunidad sustentable de Asheville. 

Estuve con un grupo de mexicanos de la Península de Yucatán. Ellos venían a mostrar su arte reflejado en los bordados de la auténtica ropa mexicana y a danzar. Fueron quienes abrieron el festival a las nueve de la mañana... personas alegres que al escucharles hablar se pueden ver los colores de sus palabras. 

Luego me fui a la carpa grande, atraída por los acordes de un instrumento que no podía identificar y ahí fui que me quedé gran tiempo, absorta por la música y luego sin parar de bailar. Era Kata Kater y su banda. Intenté asimilar el nombre de su especial instrumento, una suerte de guitarra larga y de caja gorda, de seis cuerdas que ella tocaba sólo con los pulgares y los anulares de ambas manos... wooouuuu... 

Se presentaron excelentes agrupaciones musicales además de Kaja Kater. Disfruté de Darrell Rose, Digging Roots, Doctor Nativo. Pensaba en tres otras bandas que podrían estar en Leaf Festival: Villa Exótica, NAIV, Terror Culero. PRONTO! 

El Festival involucra a los niños y ese aspecto me cautivó. Desde los más chiquitos a los adolescentes tienen actividades dedicadas a esas etapas de la vida. 

De pronto, el parque que rodea el lago se convirtió en el escenario de Alicia en el país de las maravillas, acompañada por la Reina Roja, la Reina de Corazones, el Conejo Blanco y el hombre espejo... Alicia y el Conejo Blanco te servían té en diminutas tacitas que te ofrecían desde las alturas. 


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