Fuente: Emanuel Bel Greco
11/21/2018

La maleabilidad de los adjetivos nacionales es sorprendentemente usada por los politólogos, líderes, gobernantes y opositores, sin darnos cuenta que la velocidad de la geopolítica es, en el mejor de los casos, el manual a seguir para la solución de los problemas nacionales. 

Ya no podemos poner etiquetas que correlacionen a gobiernos con eventos pasados. Sería muy drástico e injusto pensar que un gobierno nacionalista podría provocar un holocausto como lo hizo Adolfo Hitler, del mismo modo querer entender que un gobierno de izquierda es copia fiel del Madurismo en Venezuela. 

Emmanuel Macron ofrece un discurso en el marco de la conmemoración del final de la Primera Guerra Mundial en su natal Francia. Naturalmente, los neo-nacionalistas como Donald Trump sienten un discurso agresivo y poco político. Sin embargo los líderes de las naciones ya debieran estar acostumbrados a recibir este tipo de mensajes que ni tiene que ver con su forma de gobernar y mucho menos son alusiones personales ante su actuar nacional. Por el contrario, el "político situacional" que resuelve los conflictos en base a soluciones que la época permita, el político que basa sus estrategias y planifica en relación al costo-beneficio e incluso el político que se apoya de estadistas, estrategias y expertos de todos los conceptos políticos, sin duda tendrá mejores resultados.

La injusta correlación de ideas al escuchar palabras como Nacionalista, Populista, Izquierdista, Derechista, Comunista, Capitalista, etc, siempre -o casi siempre- nos pone en un contexto negativo y nos vienen a la mente rostros como Hitler, Lenin, Franco, Mussolini, Perón, etc. Pero para honrar la verdad, incluso estos personajes, tuvieron grandes aciertos. 

La población siempre espera de sus gobiernos una respuesta positiva, no importa si se está protegiendo una ideología o tendencia, incluso no importa si actúa en contra del discurso oficial y mucho menos importa si las soluciones detonan la antipatía y crítica de sus similares. Lo importante para nosotros los gobernados es la solución, sin etiquetas, sin tendencias, sin formas, ni modos. Y, créanlo o no, decir esto no es fácil para los que tenemos una ideología de izquierda. Sin embargo, también hay que reconocer que los grandes cambios y éxitos en los países se deben a que las acciones radicales casi siempre resultaron contrarias a la aparente ideología de los protagonistas en su momento. 

"Ni tanto mercado, ni tanto estado" es la frase que abarca el claro ejemplo de la pretendida idea que hoy se transmite en torno a que ser radical en las soluciones no es una tarea muy conveniente.


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