Fuente: Coreen Villalobos Mundo
06/10/2019

Raleigh, N.C., 4 de junio de 2019- Luis Jiménez es un inmigrante mexicano indocumentado de 28 años de edad que, persiguiendo el sueño de ver crecer en un sistema que le concediera mejores oportunidades de crecimiento y evolución, cruzó la frontera hace 19 años; y después de vivir en libertad, trabajando honradamente, ahora está bajo una fuerte amenaza de ser deportado.

El pasado domingo, los agentes de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) tocaron la puerta de su vivienda, ordenándole que abriera. En atención a las recomendaciones que han formulado abogados expertos en asuntos migratorios, Luis Jiménez no abrió y tampoco les dejó entender que estaba en casa.

"Como no recibieron respuesta, se fueron. Pero, desde entonces, la patrulla de la policía se mantuvo durante mucho tiempo fuera de mi casa, esperando a que yo saliera. Estuve encerrado por muchas horas. Nunca pensé que me fuera a pasar esto a mí. Tengo mucho miedo. Mis hijos se fueron a la escuela acompañados de su abuela. No me puedo mover de aquí y no sé qué hacer", reveló asustado.

También precisó que ha estado preso en su propia casa, después del intento de los funcionarios de inmigración de entrar a su domicilio, ubicado en 3913 Poole Rd, Raleigh, con la clara intención de detenerlo y comenzar un eventual proceso de deportación.

"Tengo muchísimo miedo de salir de mi casa porque ellos están allí, afuera, esperando por mí", dijo a La Conexión USA, a cuyo equipo periodístico le ofreció detalles acerca de las razones por las cuales se encuentra en riesgo de ser separado de su familia y devuelto a su país.

Jiménez relató que recibió una orden de deportación emitida en el año 2011, cuando aún era un adolescente, por haber estado inmerso en un caso de robo menor.

Desde entonces, él ha querido enmendar su falta, haciendo las cosas correctamente.

"Formé una familia. Tengo esposa y cuatro hijos. Trabajé honradamente en el campo de la construcción y ahora soy subcontratista, genero empleo y pago impuestos. Tengo mi propio negocio de construcción, con el que remodelo casas en Durham y Wake. Sé que cometí un error y he pagado las consecuencias, pero mi familia no merece ser desmembrada, menos aún si yo he venido demostrando que soy un buen esposo, padre, trabajador, compañero y hombre que ha aportado su mejor esfuerzo para contribuir a la economía de este país", dijo desde su casa, su actual morada permanente.

Este mexicano cree que se activó una alerta respecto a su estatus migratorio y los cargos impuestos por las autoridades policiales del condado de Wake, en el 2011, cuando fue parado por una patrulla en el condado de Oxford, hace una semana.

"Los oficiales me chequearon el récord migratorio, me dijeron que en mi expediente aparece una alerta relacionada con que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos me estaba buscando. Y, como me detuvieron en un condado diferente al que me impuso la orden de deportación, me dejaron ir. Ahora, estoy en esta terrible situación", contó.

Luis Jiménez reconoce haber cometido un delito menor, pero también califica de injusto que por este motivo haya recibido una orden de deportación.
"Yo no he lastimado a nadie. No le debo nada al estado. Cuando manejo, soy prudente y responsable. Si quiero enmendar mi falla, por favor déjenme hacerlo, pero no me separen de mi familia", suplicó.

Con la mano en el corazón 
Luis Jiménez pidió a los senadores ponerse la mano en el corazón y ver este caso sin una mirada restrictiva.
"Yo estoy de acuerdo con que chequeen el récord de uno. Pero muchas personas hemos cometido delitos menores y quisiera que nos dieran la oportunidad de enmendar esos errores menores. No somos como otras personas que cometen crímenes atroces. Yo no he matado a nadie ni he violado a niños. Yo no soy así. Por eso les pido una oportunidad para demostrarles lo que soy, que soy una buena persona", insistió.
Mientras Luis Jiménez está encerrado en su casa, su empresa se paraliza. Él es cabeza de familia y el dinero lo que genera su esposa es poco para hacer frente a todos los gastos del hogar.

Siembra NC se solidariza
Andrew Willis, representante de la organización sin fines de lucro, creada para defender los derechos de la población inmigrante en Carolina del Norte, se mostró solidario con el mexicano Luis Jiménez y su familia; y aseguró que él hizo lo correcto al no abrirles la puerta.
"Si los agentes de ICE no tienen un orden judicial emitida por una corte federal, criminal o una corte local criminal, no pueden entrar a su domicilio, ni tampoco él debe salir ni está obligado a hablar con ellos", dijo antes de precisar que las órdenes administrativas que usualmente portan estos funcionarios no son válidas. 
Se mostró dispuesto a prestar a esta familia toda la asistencia que necesite.
"Uno de nuestros equipos de verificadores voluntarios podrían tomar su caso, averiguar quienes están fuera de su casa y grabarlos, si están en un sitio público", dijo y seguidamente precisó que toda persona que atraviese por una situación parecida puede pedir asistencia inmediata a la organización Siembra NC, a través del número telefónico de emergencia: 336 5430353.
Luego de recordar que este año el mensaje de las autoridades migratorias ha sido más contundente y restrictivo, y la presión sobre los alguaciles ha sido mayor, Andrew Willis opinó que no hay transparencia en los discursos de los oficiales de ICE.
"Ellos siempre mienten. Saben que están desconociendo la voluntad de los votantes que decidieron elegir a alguaciles que protejan a las comunidades, en lugar de entregarlas. Ellos siguen con su agenda de separar a las familias hispanas. Nosotros tenemos nuestra propia agenda de defender a nuestras comunidades", puntualizó.

Familia de seis
Luis Jiménez nació en Acapulco, Guerrero. Su esposa tiene 27 años, quien también es mexicana y se siente profundamente preocupada. Con ella tuvo cuatro hijos, edades comprendidas entre 1 y 9 años.
Insistió en pedir a los senadores que no permitan ninguna decisión que suponga la separación de su familia.
"Esto ha sido muy doloroso para nosotros, como padres; pero más doloroso aún es para los niños. Ellos han venido escuchando nuestras conversaciones, han sentido nuestras angustias. Ellos me preguntan por qué me escondo y por qué no jugamos en un parque. Desde que los agentes de ICE tocaron a mi puerta, ellos se han sentido más ansiosos. Mi hija de 8 años me dijo: 'Papi, cuando regrese de la escuela, te quiero encontrar aquí'. Eso me parte el corazón", relató.


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