Fuente: Emanuel Bel Greco
05/20/2020

La educación ha dado un paso hacia el progreso, obligada por la pandemia.

El sistema perfecto, donde el docente ofrece un lineamiento de instrucción y el alumno investiga, indaga, observa, resuelve y crea, bajo su propia responsabilidad y hasta donde su consciente le alcance, quiera y desee... ya no es una utopía.

Esta modalidad de ser autodidacta nos pone en un nivel muy superior al de la educación tradicional, ya que los procesos de plasticidad conscientes del individuo se desarrollan de una manera más ágil y eficaz. Sin duda alguna, aprenderemos más, más fácil, más eficientemente y con mayor velocidad.

Sin dar por hecho que la educación de ahora en adelante será remota y, bajo diferentes parámetros, debemos reconocer que la educación tuvo una reacción muy rápida para adaptar las clases bajo presión y obligadamente para atender las horas-clase por esta primera pandemia del siglo 21.

La educación ya está lista para dar un giro de 180 grados y adecuado a los nuevos tiempos.

Si observamos detenidamente el sistema tradicional de enseñanza que prevaleció desde su creación hasta esta inminente muerte y, con todo el sentido analítico de depuración, tendríamos que reconocer que resulta inútil asistir a clases con todo y lo que ello implica: transporte, gasolina, riesgo, estrés, organización docente, organización del alumnado, costos de sueldos y salarios, costos de mantenimiento de instalaciones, papelería, rectorías de contenido, rectorías de estructura laboral, alimentación al alumno, costos indirectos de libros y material de trabajo, etc, etc. 

Ahora, todo será diferente: aprenderemos en casa, con dispositivos electrónicos propios y con la biblioteca más grande del mundo en nuestros dedos. Realmente es un gran avance para la humanidad fomentar la autodidáctica.

Naturalmente, habrá detractores dispuestos a argumentar que la mayoría del alumnado será deshonesto con sus trabajos, tareas e incluso exámenes. Otros esgrimirán que las clases presenciales también aportan disciplina y orden, y no faltará quien diga que la socialización y la competencia son básicas para el desarrollo del alumno. 

Esto es parcialmente cierto, pero dejemos que el nuevo sistema (si es que prevalece) desarrolle las habilidades al máximo y potencialice los conocimientos al alumno, sin medidas, sin fronteras, sin silencios absurdos en clase, sin horarios impuestos que hacen de la enseñanza una simple rutina de costumbre, quitándole el verdadero apetito al alumno por aprender más y mejor.

Ciertamente, no todos tienen capacidades autodidactas. Muchos alumnos necesitan una guía estrictamente presencial, sin embargo, es mucho más sencillo adaptar un sistema de cómputo adecuado a las características del alumno, a que miles de alumnos se adapten al sistema tradicional con resultados sumamente pobres, onerosos, lentos y aburridos. 


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