Fuente: VOA
09/10/2021

Masjeda Mehirdel tenía solo 11 años cuando casi 3.000 personas murieron el 11 de septiembre de 2001 en los ataques terroristas en Estados Unidos. Ella nació y creció en un hogar de afganos estadounidenses en Queens, Nueva York.

Recuerda cómo sus padres se sintieron aliviados cuando el entonces presidente George W. Bush invadió Afganistán en 2001 para desmantelar los campos de entrenamiento de al-Qaeda, donde el cerebro de los ataques del 11 de septiembre, Osama Bin Laden, recibía abrigo del Talibán.

Sus padres guardaban la esperanza de que la invasión fuera el principio de un nuevo capítulo para la democracia en su tierra, un escenario histórico de conflictos. Ella dice que incluso asistió a un evento de fogatas en Queens, donde se reunieron alrededor de una hoguera y celebraron lo que consideraron que era el fin del Talibán y sus reglas draconianas.

"Todo el vecindario asistió", dijo. "Las tiendas estuvieron abiertas hasta tarde en la noche sirviendo comida gratis, y todos bailaron danzas tradicionales".

Veinte años después, ese sentido de optimismo ha sido reemplazado por una sensación de abandono.

"Me siento frustrada. Me siento disgustada. Me siento traicionada", dijo Mehirdel a la Voz de América.

En febrero de 2020, Estados Unidos y el Talibán llegaron a un acuerdo de paz que allanó el camino para sacar todas las tropas estadounidenses de Afganistán.

Mehirdel, quien tiene una extensa familia en Afganistán, cree que la toma el poder del Talibán el mes pasado fue posible porque Estados Unidos se retiró del país prematuramente.

"Les dimos nuestros votos a una presidencia cada cuatro años con la esperanza de que se escucharan nuestras voces. Protestamos para que se escucharan nuestras voces, pero no esperábamos que (EE. UU) nos dejara una locura por allá", agregó al describir las caóticas escenas de la salida de Afganistán.

Mehirdel no está sola al expresar esa sensación de abandono. Otros afgano estadounidenses también volcaron su indignación y frustración por las redes sociales sobre la salida de Estados Unidos de Afganistán.

El país en general ha respaldado la salida de las tropas de Afganistán, con un 54% de los estadounidenses a favor y 42% en contra según una encuesta del Pew Research Center del 23 al 29 de agosto, pero criticaron la forma en que se manejó la retirada.

El presidente Joe Biden defendió la decisión de su administración y culpó al gobierno afgano de no presentar resistencia al Talibán.

El Talibán ha tratado de proyectarse al mundo como un gobierno normal, enviando representantes a China, Rusia y otros países para persuadirlos a que respaldes a su gobierno interino. Aunque Estados Unidos lleva años negociando la paz con el grupo, ningún funcionario se ha reunido públicamente con líderes del Talibán desde que tomó el poder.

El Talibán nombró recientemente a un individuo designado como terrorista por EE. UU., Sirajuddin Haqqani, como su ministro del interior interino. En un anuncio que aún puede verse en el sitio web del FBI, el Departamento de Estado está ofreciendo desde hace algunos años 10 millones de dólares de recompensa por información que lleve a su captura.

Con cientos de estadounidenses, ciudadanos de otros países occidentales y aliados afganos aún atrapados en regiones controladas por el Talibán, algunos expertos advierten a Washington sobre las consecuencias de negociar con el grupo para lograr su salida.


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