Fuente: Maribel Hastings y David Torres
07/06/2022

Dice un sabio refrán que "a camarón que se duerme, se lo lleva la corriente". Y eso le cae como anillo al dedo a los políticos y partidos que se duermen en sus laureles y esperan, errados, que el apoyo de los votantes sea incondicional e inamovible, pase lo que pase o hagan lo que hagan.

Eso es algo que el Partido Demócrata no parece acabar de comprender, a pesar de las evidentes muestras de la urgencia con la que debería actuar para cumplir con lo que durante tanto tiempo ha prometido, sobre todo a las minorías y especialmente a los inmigrantes. Dar por sentado el apoyo de ese segmento de la población ya no es ni recomendable, ni mucho menos estratégico. En todo caso, sería negligente e irresponsable en términos políticos. Y eso siempre se paga, tarde o temprano.

El 14 de junio, por ejemplo, hubo una elección especial en el Distrito 34 de Texas, que era representado por el congresista Filemón Vela, quien renunció por un trabajo en el sector privado. Pues bien, el escaño fue ganado por la republicana Mayra Flores frente al demócrata Dan Sánchez. Y aunque en noviembre habrá nuevamente elección y muchos esperan que sea más favorable para los demócratas —dadas las nuevas líneas de redistribución de distritos congresionales—, lo ocurrido es muestra de lo que pasa cuando no se invierte en un distrito 89% hispano y en un estado como Texas que, al igual que en Florida, los republicanos siguen teniendo ganancias entre votantes latinos.

Es decir, el exceso de confianza de los demócratas en su tan cacareada lucha en favor de la comunidad latina resulta en esos casos, como en la elección mencionada en Texas, en un monumento a la dejadez política o, en otras palabras, al desinterés en torno a las prioridades de los hispanos que en el fondo realmente privaría entre las filas demócratas.

Flores, de hecho, aceptó donaciones de líderes republicanos como Elise Stefanik, la tercera en mando en la Cámara Baja, quien se ha hecho eco de las teorías racistas conspirativas promovidas por supremacistas blancos y líderes republicanos. Y a pesar de que de antemano se sabe que toda esa basura política está enfocada en dañar a la comunidad latina inmigrante, Flores ganó irrefutablemente. Tan solo eso debería hacer sonar las alarmas para que los demócratas pusieran más atención en sus estrategias políticas; pero tal parece que la apatía -y las huecas promesas grandilocuentes- forman parte de su desempeño partidista.

De hecho, en un artículo del Texas Tribune, el demócrata Sánchez lo explica mejor: "Demasiados factores estuvieron en nuestra contra, incluyendo muy poco o ningún apoyo del Partido Demócrata nacional y del Comité de Campañas Demócratas del Congreso (DCCC)".

Aunque se trate de una elección especial y de un escaño que volverá a estar en juego en noviembre, se trata de una probadita de lo que puede estar por venir si los demócratas siguen dejando todo a la suerte o a la falsa noción de que si siempre han sido apoyados por un grupo de votantes, como los hispanos, ese apoyo será eterno.

Pero nada es eterno en política, y eso lo sabe muy bien todo aquel que aspira a un puesto público en cualquier parte del mundo. Es decir, más allá de ideologías, en una democracia es el votante el que pone todo en el lugar que le corresponde, incluso si se trata de enviar a un candidato —o a un partido— hacia el basurero de la historia.

Eso es especialmente importante en esta coyuntura en que se llevarán a cabo las elecciones intermedias, en momentos en que el bolsillo de los votantes aún no se recupera de las secuelas de la pandemia, ni de la guerra en Ucrania: altos precios de la gasolina, además de que todo cuesta más caro, desde la comida hasta la vivienda. Y para ciertos sectores de votantes, tampoco se han concretado cambios a nivel legislativo, como es el caso de la reforma migratoria.



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