Política
La captura de Maduro ofrece un atisbo del nuevo orden mundial al que apunta el Trumpismo
Washington, 17 ene (EFE).- Tras un año en el que Donald Trump ha transformado y endurecido enormemente la política exterior de EE.UU., la operación para capturar a Nicolás Maduro en Venezuela ha supuesto una impactante prueba de fuerza y el ejemplo más claro del nuevo tipo orden mundial al que aspiran el republicano y su gabinete.
Desde la guerra comercial que lanzó contra sus socios a su apoyo desigual para con Kiev en la Guerra de Ucrania, Trump dejó claro en los primeros meses de su segundo Gobierno que la diplomacia estadounidense había virado, incluso si se la compara con la de su primer mandato, hacia terrenos inexplorados.
Entre medias se sucedieron desplantes de diferente calibre, desde afirmaciones sobre la anexión de Groenlandia, la posibilidad de realizar ataques militares sobre el narco en suelo mexicano o el deterioro de la relaciones con la India, un socio estratégico.
En verano, Washington llevó a cabo un ataque quirúrgico contra el programa nuclear iraní e inició un despliegue naval inédito en el Caribe -que ha incluido la ejecución sumaria de más de un centenar de supuestos narcotraficantes en alta mar- con el objetivo de presionar a Maduro.
La campaña contra el ahora expresidente venezolano fue subiendo de tono, al igual que las amenazas que el republicano fue lanzando también sobre el jefe de Estado colombiano, Gustavo Petro.
Pero hasta ese momento todo parecía desarrollarse más o menos sobre la dinámica del acrónimo TACO (siglas en inglés de “Trump siempre se acobarda”) que se acuñó este año en Wall Street.
Trump “hace lo que promete”
Y entonces llegó el asalto sobre Caracas y la espectacular detención de Maduro para llevarlo ante la justicia estadounidense por supuesto narcoterrorismo.
Ese mismo 3 de enero Trump aseguró al mundo en rueda de prensa que su país gobernaría Venezuela hasta que se complete una transición, mientras distintos miembros de su Administración subrayaron que Washington no permitirá que las Américas se conviertan en un refugio seguro para narcotraficantes, “regímenes hostiles” o potencias externas.
“Esto es un claro ejemplo de la determinación de demostrar al mundo que EE.UU. está decidido a usar la fuerza bruta para imponer su voluntad en todo el mundo, particularmente en las Américas. Y que no se ve limitado por las normas del derecho internacional o nacional ni por las normas de coexistencia pacífica con otros países”, explica a EFE el profesor de la American University y exdirector de su Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos, Eric Hershberg.
Un mes antes de capturar a Maduro la Casa Blanca había publicado su Estrategia de Seguridad Nacional, disipando cualquier duda sobre su nueva concepción del mundo.
El documento, además de retratar a la Unión Europea (UE) como un socio problemático y esbozar un plan de injerencia que evite que la “vieja civilización” europea desaparezca víctima de la inmigración, insta a resucitar la “doctrina Monroe”, que a principios del siglo XX concibió que el continente americano en su totalidad debía ser una zona libre de potencias externas y quedar exclusivamente bajo la influencia de EE.UU.
Horizonte oscuro para Europa
Tanto el libreto como el apresamiento de Maduro han llevado a muchos analistas a apuntar que el mundo parece ahora dirigido a un escenario similar al que se produjo entre finales de los 1800 y el inicio de la I Guerra Mundial en 1914, que estuvo marcado por una visión del mundo basada en las esferas de influencia y las zonas de dominio colonial concebidas por las grandes potencias.
Para Hershberg, a Trump “le resulta muy conveniente imaginar este universo del audaz Teddy Roosevelt del siglo XIX montando a caballo. Pero no tiene fundamento. Se trata simplemente de ejercer su autoridad de manera arbitraria”.
Las palabras de asesores de Trump -como Steve Miller que aseguró que nadie va a “luchar militarmente contra EE.UU. por el futuro de Groenlandia”- que apuntan a una política de hechos consumados cuando se trata de hacerse con el control de la isla que depende de la corona danesa, apunta en esa dirección.
“Nada ha cambiado realmente (con la deposición de Maduro), pero supongo que el mundo está prestando ahora más atención”, dice Hershberg.
“El mundo debería prestar mucha atención. Esta es una fuerza extraordinariamente violenta e ilegal en los asuntos internacionales. Es una grave amenaza para Ucrania. Es una grave amenaza para Taiwán. Es una grave amenaza para todos”, concluye.
A cuenta de lo que depara 2026, la mayoría de expertos coincide en señalar la imprevisibilidad del actual Gobierno estadounidense, liderado por un presidente que, tal y como escribe Margaret MacMillan en The New York Times, es alguien que “disfruta del ejercer su poder en el país y en el exterior, pero cuya atención oscila entre construir un nuevo salón de baile en la Casa Blanca y librar una guerra no declarada contra Venezuela”. EFE
asb/jmr/vh
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