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Murió Ratko Mladic, el “Carnicero de Bosnia” condenado por genocidio

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Ratko Mladic, el exjefe militar de los serbios de Bosnia condenado a cadena perpetua por genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, murió ayer a los 84 años en un centro penitenciario de Naciones Unidas en La Haya, informó la cadena estatal serbia RTS.

Apodado el “Carnicero de Bosnia”, Mladic fue condenado en 2017 por su papel en algunos de los episodios más atroces de la guerra de Bosnia (1992-1995), entre ellos la masacre de Srebrenica, en la que las fuerzas serbobosnias asesinaron a unos 8000 hombres y adolescentes musulmanes en julio de 1995.

El Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia lo sentenció a cadena perpetua, un dictamen que fue confirmado en apelación en 2021.

La matanza, perpetrada en una zona que había sido declarada “segura” por la ONU, es considerada la peor atrocidad cometida en Europa desde la Segunda Guerra Mundial y, junto con el asedio de Sarajevo y la persecución de la población no serbia, fue central en el caso contra el exgeneral.

Tras su detención, fue trasladado a La Haya y pasó allí los últimos años de su vida. Aunque sus abogados y familiares reclamaron reiteradamente que recibiera atención médica en Serbia, los tribunales internacionales mantuvieron su condena y rechazaron sus pedidos de liberación. Mladic estaba gravemente enfermo desde hacía meses y había sufrido un derrame cerebral en abril, según su familia.

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La vida de Mladic estuvo marcada desde su infancia por la violencia de la Segunda Guerra Mundial. Nació el 12 de marzo de 1943 en una aldea de Bosnia, cuando el territorio formaba parte del Estado Independiente de Croacia, aliado de la Alemania nazi. Su padre, un combatiente partisano serbio, murió cuando Ratko era todavía un niño. Esa experiencia contribuyó, según quienes estudiaron su trayectoria, a moldear su visión profundamente nacionalista sobre la supervivencia de los serbios.

Mladic ingresó al Ejército Popular Yugoslavo y ascendió rápidamente en sus filas. Inicialmente abrazó el comunismo de Josip Broz Tito y su defensa de una Yugoslavia unida y multiétnica. Pero tras la muerte de Tito y el ascenso del nacionalismo de Milosevic, adoptó la causa de la supremacía serbia.

En 1994 sufrió uno de los golpes personales más devastadores de su vida: su hija Ana, estudiante de medicina de poco más de 20 años, se suicidó con una pistola que pertenecía a su padre. Amigos de Mladic aseguraron posteriormente que nunca volvió a ser el mismo y que visitaba regularmente su tumba.

Las guerras de los Balcanes comenzaron con la desintegración de Yugoslavia a comienzos de la década de 1990 y dejaron cerca de 100.000 muertos y más de 2,5 millones de desplazados. Mladic pasó a dirigir en 1992 las fuerzas serbobosnias, que buscaban consolidar el control serbio sobre amplias zonas de Bosnia y Herzegovina.

Durante casi cuatro años, sus tropas sometieron a Sarajevo a un intenso asedio desde las montañas que rodeaban la capital. Artillería, tanques, morteros y francotiradores atacaron a la población civil, en un cerco que dejó unos 10.000 muertos, incluidos alrededor de 1500 niños.

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Los jueces internacionales también lo declararon culpable de la persecución y el exterminio de población no serbia en distintas regiones de Bosnia.

Pero fue Srebrenica la que convirtió a Mladic en uno de los rostros más reconocibles de los crímenes de la guerra. En julio de 1995, sus fuerzas tomaron el enclave musulmán pese a su condición de zona protegida por la ONU. Durante los días siguientes, miles de hombres y adolescentes fueron separados de sus familias, capturados y ejecutados. Muchos fueron alineados con las manos atadas a la espalda y fusilados.

La operación incluyó además un elaborado intento de ocultar las pruebas de las ejecuciones. Los cuerpos fueron enterrados en fosas comunes y luego exhumados con maquinaria pesada y trasladados a otros lugares, en un esfuerzo por dificultar su identificación y ocultar la dimensión de la masacre.

Imágenes de aquellos días mostraron a Mladic entrando en Srebrenica y presentándose como vencedor ante la población. En una de las escenas más conocidas, se lo ve acariciando la cabeza de un niño y asegurando a mujeres y menores que estarían a salvo, mientras sus soldados preparaban la separación de los hombres que serían asesinados.

La caída de Srebrenica provocó una conmoción internacional y contribuyó a que Estados Unidos y las potencias europeas endurecieran su respuesta al conflicto. Los bombardeos de la OTAN contra posiciones serbobosnias ayudaron a modificar el equilibrio militar y allanaron el camino hacia los Acuerdos de Dayton, firmados a fines de 1995 y que pusieron fin a la guerra de Bosnia

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