INMIGRACIÓN
Bajan los retornos de migrantes a Marruecos desde España y crecen las cifras de fallecidos
Castillejos (Marruecos), 2 ago (EFE).- “¿Has visto a mi hijo?, ¿Lo conoces?”. Es la pregunta más repetida este domingo en la frontera de Marruecos con Ceuta, donde decenas de familias marroquíes aguardan con la esperanza de ver aparecer a sus seres queridos o, al menos, saber si siguen vivos.
Familias como la de Zahra (nombre ficticio), que espera a su hermano, o Ibrahim, que busca a su hijo de 17 años. Llegan de Tánger, de Fez, de Casablanca, pidiendo respuestas.
Están en la calle, a poco metros del paso fronterizo, ante una valla de alambre de espino que les separa del mar, en el mismo sitio por el que cruzaron sus hijos hace solo unos días arrastrados por falsos rumores sobre la apertura de la ciudad española de Ceuta, sin imaginar que terminarían en una trampa que ha dejado al menos 72 muertos y un número de desaparecidos imposible de determinar.
Ahí espera Zahra. Tiene una tienda de fotografía en Tánger y busca a su hermano Abjanib, de 23 años, universitario y con trabajo. Llegó a Fnideq (Castillejos) el viernes. Ella no entiende por qué se ha jugado la vida para cruzar a España.
“Los jóvenes quieren un futuro mejor, pero no es la manera. Hay que tener un pasaporte y un visado, y así puedes entrar y salir sin problema”, dice, mientras muestra en su teléfono móvil imágenes de su hermano.
La mujer de Ibrahim le toma del brazo y llora por su hijo. Tiene 17 años, salió de Fez el jueves con lo puesto y 400 dirham (unos 40 euros) en el bolsillo que tenía ahorrados para comprarse ropa. No han tenido noticias.
“Nos han dicho que no está detenido y que no hay registro de muertos de 18 años en el lado de Marruecos”, explica Ibrahim. “Hemos ido al hospital y tampoco está. Por eso estamos aquí esperando”.
Un grupo de jóvenes avanza por el espigón tras la valla. Vuelven de Ceuta. Están cansados, algunos heridos y decepcionados. Las familias les rodean.
“¿Has visto a este chico? ¿Sabes algo de él?”.
“Volveré, pero solo”
“No lo conozco, no lo he visto”, responde Ayoub. Regresa con heridas en el brazo y la pierna. Está agotado, se siente maltratado y engañado. Creyó en los mensajes que se difundieron en redes sobre la apertura de la frontera y se lanzó al mar.
Ayoub relata que agentes españoles le agredieron y le condujeron a la frontera para que regresara a Fnideq.
“Nos dejaron pasar, pero luego allí no nos querían. No era lo que esperaba”. Ahora quiere regresar a su casa, recuperarse y pensar en el futuro. ¿Lo volverías a hacer? “Sí”, responde.
También en solitario lo quiere intentar de nuevo Mohamed, de 26 años. El jueves nadó varios kilómetros protegido con un neopreno y llegó a Ceuta, pero nada resultó como esperaba.
“Los jóvenes de nuestra zona atacaron Ceuta y comenzaron a causar desorden, robaron sillas, forzaron la entrada a viviendas y atacaron comercios. Por eso Ceuta cayó en el caos y nos cerraron todo”, lamenta.
“Voy a intentarlo de nuevo, pero esta vez solo. No pasaré por Ceuta, iré directamente a España”.
“Había muchos muertos”
Jalil es sudanés. Trabaja en la construcción en Casablanca y alguien le llamó para decirle que había paso libre a Ceuta. No lo dudó. Viajó a Fnideq y se lanzó al mar con siete amigos sudaneses. Todos llegaron y se han quedado. Él ha vuelto, herido en una pierna, porque “no veo que podamos quedarnos allí”.
No fue fácil para Jalil llegar a Marruecos. Cruzó Libia, Túnez y Argelia en 2024. Sabía que llegaría a Ceuta porque “soy buen nadador”, pero “había muchos muertos”.
No es el único que habla de muertos en el mar. A medida que pasan las horas se multiplican los relatos de migrantes que describen escenas de pánico en el agua, con cientos de personas que se empujaban o manoteaban para mantenerse a flote. Muchos no lo lograron.
Hassan recuerda esta avalancha. Tiene heridas en las piernas. Se las hizo con las rocas, el jueves, cuando cruzó a nado con su hijo hasta Ceuta. “He vuelto porque no he visto estabilidad. Mi hijo se ha quedado pero va a volver también. Terminaremos en España pero no así”, explica en el hospital de Fnideq, por donde han pasado muchas familias preguntando por los desaparecidos sin resultado.
Fuera, Fnideq recupera su estampa de balneario familiar. Las autoridades han borrado con rapidez las huellas de la peor crisis migratoria de Marruecos. Más de 100.000 personas, según organizaciones civiles, tomaron esta pequeña ciudad fronteriza en apenas unas horas.
Hoy, las familias disfrutan de la playa. Desde la orilla, se ven las patrullas de rescate que buscan desaparecidos. La vida sigue en Fnideq. Para cientos de familias marroquíes que esperan respuestas, esa vida ya no será igual.
Mar Marín
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