Medio Ambiente
Batalla medioambiental en Senegal contra la urbanización del famoso lago Rosa
Eduardo S. Molano
Dakar, 24 feb (EFE).- En las dunas coloreadas que bordean el famoso lago Rosa, gran atracción turística de Senegal a apenas 30 minutos de la capital, Dakar, se libra una batalla medioambiental por un proyecto inmobiliario que amenaza a ese paraje natural único.
De un lado, el Gobierno senegalés y una multinacional egipcia promueven la construcción de una “ciudad verde”, moderna y ecológica, que albergaría 18.000 viviendas.
Del otro, pescadores, artesanos y activistas ambientales denuncian que el proyecto, lejos de ser sostenible, destruiría uno de los ecosistemas más frágiles y emblemáticos del país.
“El lago Rosa no es solo un atractivo turístico, es un ecosistema que depende de las dunas y de la infiltración de agua marina. Si destruyen eso, el lago desaparecerá”, advierte a EFE Amath Wade, presidente del partido político Las 4Vs -Valores, Virtud, Verdad, Visión- y principal voz crítica contra el plan urbanístico.
El proyecto, conocido como “Ville Verte” (ciudad verde, en francés) y lanzado por la sociedad egipcia Casa Orascom, prevé el desarrollo de 216 hectáreas en una zona que los ecologistas describen como “el pulmón del lago Rosa”.
Según Wade, la urbanización es una amenaza directa para el equilibrio natural que mantiene vivo al lago. “No es más que hormigón sobre hormigón”, resume.
El Gobierno senegalés y los promotores definen el proyecto como una “ciudad modelo”, con energías renovables, espacios verdes y tecnología sostenible.
La iniciativa, presentada en noviembre pasado, está previsto que culmine a finales de 2028.
Sin embargo, los críticos señalan que, en la práctica, se trata de un macrodesarrollo inmobiliario que prioriza el lucro sobre la conservación. “Si urbanizan esa zona, bloquearán el acuífero y el lago se secará”, advierte Wade, quien recuerda que otros lagos senegaleses ya desaparecieron por la intervención humana.
Un “mar Muerto” senegalés

El lago Retba, conocido popularmente como lago Rosa y antaño punto de llegada del rally París-Dakar, es uno de los lugares más visitados de Senegal cada año, donde su alto nivel de salinidad, como pasa con el mar Muerto, hace que las personas floten con facilidad.
Su color rosado, causado por el alga Dunaliella salina, que prospera en aguas especialmente salinas, y su entorno de dunas y vegetación autóctona lo convierten en un oasis único en la costa atlántica.
Pero su supervivencia depende de un frágil equilibrio: la infiltración subterránea de agua marina a través de las dunas, que actúan como filtro natural.
“Debemos proteger a nuestra población del avance del mar y de la erosión costera”, denuncia a EFE Ibrahima Mbaye, presidente de la Asociación para la Protección del Lago Rosa (AAR Lac Rose).
Más de 3.000 personas viven directamente del lago Rosa, según datos de las asociaciones locales. Pescadores, guías turísticos, artesanos y pequeños hoteleros conforman una economía que, aunque informal, es vital para la región.
“El turismo aquí no es de hoteles de lujo, es de gente que viene a ver el lago, las dunas, el color único. Si ponen edificios, los turistas dejarán de venir”, señala Mbaye, quien advierte que el proyecto inmobiliario “genera menos empleo que el turismo y la agricultura”.
Manifestaciones

Desde que se conoció el proyecto, los activistas han organizado manifestaciones, enviado cartas a organizaciones internacionales y denunciado el proyecto ante el Ministerio de Medio Ambiente.
El propio Mbaye fue detenido durante diez días por participar en protestas, y otros líderes comunitarios han sufrido represalias. “Nos acusan de obstaculizar el progreso, pero ¿qué progreso es este, si destruye nuestra tierra y nos deja sin futuro?”, se pregunta.
“Plantamos filao (árboles del género acacia que mejoran la fertilidad del suelo) para proteger las dunas y la agricultura. Ahora quieren arrancarlos para poner cemento”, denuncia Wade.
Su compañero de fatigas, Mbaye, recuerda que “la mayor parte de la población se opone al proyecto”, pero lamenta la falta de apoyo institucional: “El ayuntamiento es cómplice, porque también quiere quedarse con tierras”, añade.
“Ville Verte” no es un caso aislado. En los últimos años, Senegal ha visto proliferar megaproyectos urbanísticos que, bajo el discurso de la modernización, terminan beneficiando a élites económicas y dejando a las comunidades locales en la pobreza.
Los activistas recuerdan que proyectos similares en Senegal —como la fallida Akon City, promovida por el cantante estadounidense-senegalés Akon— han terminado en “elefantes blancos”, abandonados y sin beneficio real para la población.
“Nos dicen que esto traerá desarrollo, pero el único desarrollo que vemos es para los inversores extranjeros”, critica Wade.
Mientras crece la polémica, el Ministerio de Medio Ambiente senegalés no responde a las denuncias y está previsto que las obras comiencen en las próximas semanas.
Para los residentes locales, la cuenta atrás ha empezado: “O paramos este proyecto -avisa Wade-, o el lago Rosa será solo un recuerdo”.
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