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Cultura

Bordar también es cosa de hombres: la terapia que te aleja del estrés y de las prisas

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Taller de bordado en Salamanca de los hermanos José Antonio y Sergio Martín, quienes enseñan a bordar a un grupo de mujeres, una labor con la que reivindican tradiciones como el bordado salmantino y también una "terapia". EFE/J. M. García

Salamanca (España), 27 ene (EFE).- Dos hermanos protagonizan en el su taller de Salamanca (centro) una escena que rompe estereotipos, dos hombres enseñando a bordar a un grupo de mujeres, con lo que reivindican tradiciones como el bordado y también “la terapia” que cada vez buscan más personas: estar un rato con otros, libres de pantallas, concentrados en algo y hablando.

“Antiguamente los hombres bordaban tanto como las mujeres. Pero lo hacían de forma profesional, a nivel doméstico lo hacían las mujeres”, explican a EFE los hermanos José Antonio y Sergio Martín en su taller, recién terminada la clase de la mañana.

Ambos, desde este espacio y con múltiples actividades por los pueblos de la provincia de Salamanca, impulsan el tradicional bordado salmantino que aprendieron a querer en su infancia cuando su madre se hacía su traje típico de la zona (de charro).

“Al principio cuando comenzamos sí que mucha gente nos lo decía, que es muy extraño ver a dos hombres bordando de cara al público. Porque una cosa que estaba clara es que muchos hombres bordaban, pero no de cara al público”, cuenta José Antonio.

Los dos hermanos asumen que esta escena, para ellos cotidiana, choca con el imaginario colectivo pero lo llevan “de la forma más normal”.

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Inculcar el bordado a niños y niñas

Ellos anuncian sus propuestas para todos los públicos, incluso tienen actividades para niños y niñas, pero reconocen que en las clases particulares de su taller es más difícil ver hombres.

 A su alumna francesa Lorène Eudier, estudiante en Salamanca, sí le sorprendió que el taller de bordado lo impartieran dos hombres, algo que enseguida interiorizó tras conocer la historia familiar de los hermanos con la tradición salmantina.

“Somos casi más un grupo de terapia”

En un mundo de prisas e inmediatez, la pausa que se respira nada más cruzar el dintel de la puerta del taller es, para algunas alumnas, tan o más importante que aprender la técnica del bordado salmantino.

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“Mucha gente busca justamente lo contrario a esa prisa. Buscan la calma, tener un entretenimiento de larga duración, porque esto saben que no es para dos días”, relata Sergio Martín, que reconoce que en algún pueblo ha dicho: “Somos casi más un grupo de terapia que de bordados”.

“Ves a la gente que viene, que cuenta sus alegrías, cuenta sus penas, cuenta su semana, y se pasa aquí las dos horas volando porque está a gusto”.

Para Lorène Eudier, parte de la magia de sus clases de bordado es “poder hablar con todas las mujeres”, que comparten sus vidas y también sus historias de cómo algunas recuerdan el bordado a través de la historia de sus familias.

Conservar el bordado de cada zona de España

Los hermanos Martín son salmantinos (charros) pero sobre todo artesanos apasionados del bordado y el legado que pervive, por lo que llaman a conservar el bordado típico de cada zona de España como parte de la cultura más amplia que los rodea.

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Y aspiran también a que se valore fuera de España, indica Sergio Martín, porque por su taller pasan alumnas extranjeras como Lorène Eudier y una chica japonesa que lleva varios años con ellos, en lo que definen como “un aprendizaje continuo unos de otros” en torno a su amplia mesa rodeada de bordados e historias compartidas.

Cristina García Casado

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