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Cultura

Ecuador recibe el equinoccio y año nuevo andino con música ancestral, danza y ritualidad

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El artista Gustavo Pérez posa con un instrumento este sábado, en Quito (Ecuador). EFE/ José Jacome

Quito, 22 mar (EFE).- Desde el corazón de la Mitad del Mundo, a la luz tenue de las misteriosas cuevas del Ilaló y mientras el sol se ocultaba tras los volcanes Rucu y Guagua Pichincha, Ecuador dio la bienvenida al equinoccio y al año nuevo andino la noche del 21 de marzo entre sonidos ancestrales, danza y ritualidad de la mano de la agrupación musical Tamsaianka.

En este enclave natural cerca de Quito, marcado por su cercanía a la línea ecuatorial, el grupo convirtió la celebración en una experiencia sonora y simbólica, donde la música, el movimiento y la conexión con el entorno se entrelazaron para marcar el inicio de un nuevo ciclo.

Al ritmo de flautas indígenas de distintas tradiciones, percusiones y piano, la banda de origen colombiana Tamsaianka, formada por Carlos Gómez, Jenny  León y Gustavo Pérez, desplegó una propuesta que trasciende el concierto convencional.

Los asistentes a la ceremonia, de varias nacionalidades y perfiles, aprovecharon la cita para recorrer el interior de las cuevas, tomar té y relajarse frente al espectáculo, al que tuvieron que acceder descalzos para preservar el carácter ritual y la conexión con el entorno.

Para los integrantes del grupo, la música no es solo una expresión artística, sino una forma de regalar.

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“La música es una herramienta para agradecer, para ofrendar”, explicó Carlos Gómez, quien interpreta flautas de América Latina y Asia, además del saxofón, y dirige la agrupación.

Para ellos, la fecha elegida para este acontecimiento es una parte esencial de la propuesta artística.

“En las tradiciones andinas se le llama Mushuk Nina (fuego nuevo, en kichwa, la variante ecuatoriana del quechua). Es el inicio de un nuevo ciclo y una forma de recordar que somos parte de todo este tejido del universo”, añadió Gustavo Pérez, al frente de la percusión, al referirse al equinoccio como un punto de renovación tanto a nivel astronómico como espiritual.

En escena, esa idea se traduce no solo en sonido, sino también en movimiento. La pianista Jenny León incorpora la danza al espectáculo.

“Es una forma de conectar con el cuerpo, de orar no solo con el sonido, sino también con el movimiento”, explicó.

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Es por ello que, en algunos momentos, el gesto corporal acompañó la interpretación musical, reforzando el carácter ritual de la presentación.
                                                                                                                                                                                                                                      

Un lugar especial

El artista Carlos Gómez posa con un instrumento este sábado, en Quito (Ecuador). EFE/ José Jacome

El espacio elegido potencia el sentido de la celebración, ya que las cuevas del Ilaló, situadas en una zona de antiguo asentamiento humano y rodeadas de volcanes, se han consolidado como un punto de encuentro de la capital ecuatoriana para actividades vinculadas al bienestar, la meditación y las expresiones artísticas.

Es por ello que, para los músicos, el lugar no es solo un escenario, sino una parte activa de la experiencia.

“Los momentos ideales para hacer este tipo de trabajo, rituales, ceremoniales, de entrega, de ofrenda, de agradecimiento, son los solsticios y los equinoccios porque son los momentos naturales que marcan inicios y finales de periodos”, explicó Carlos Gómez Montoya.

En la cosmovisión indígena, los solsticios y equinoccios marcan los cambios de ciclo y han sido históricamente acompañados por ceremonias en las que la música ocupa un papel central, una tradición que la propuesta de Tamsaianka recoge y traslada a un lenguaje contemporáneo, combinando investigación sonora, elementos ancestrales y exploración artística.

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Durante una hora y media, las flautas, la percusión y el piano se entrelazaron en una atmósfera de bienestar que mantuvo al público absorto, siguiendo cada matiz del sonido, en un concierto concebido como un viaje sonoro que culminó con la noche ya cerrada.

Andrea Farnós

La pianista Jenny León participa en una ceremonia este sábado, en Quito (Ecuador). EFE/ José Jacome
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