EDITORIAL
El daño intencional de la cruzada antiinmigrante

Maribel Hastings/Asesora de America’s Voice
El caso del salvadoreño Kilmar Ábrego García engloba varios elementos de lo que realmente es una campaña de intimidación del gobierno de Donald Trump que hace de diversas figuras un ejemplo de lo que puede ocurrirle a otros si osan enfrentar los excesos de esta administración.
Ábrego García fue deportado “por error” a la cárcel CECOT en El Salvador a pesar de que existía una orden judicial de que no fuera repatriado a su país pues su vida corría peligro. En vez de retornarlo a Maryland, el gobierno de Trump afirmó que el joven es pandillero y lo acusa de contrabando de inmigrantes. Ábrego García niega las acusaciones.
En lugar de admitir el “error”, el gobierno de Trump lo trae de vuelta a Estados Unidos solamente para presentarle cargos y aunque fue liberado momentáneamente, ICE volvió a detenerlo en Baltimore el lunes. Le ofrecieron ser deportado a Costa Rica a cambio de declararse culpable de contrabando de personas. Al negarse, el gobierno de Trump dijo que lo deportará a la nación africana de Uganda. La jueza Paula Xinis detuvo, por ahora, dicha deportación.
Aunque Ábrego García se declare culpable para evitar ser enviado a Uganda, si algo demuestra este caso es el daño intencional de las políticas migratorias de Trump. Primero fue deportado a pesar de tener un amparo de un tribunal para evitar su retorno a El Salvador. Además lo acusan de pandillero y contrabandista de personas sin el debido proceso de ley que le permita defenderse de las acusaciones.
Y aquí entran otros elementos como el revanchismo como política pública y la increíble crueldad de deportarlo a un país inseguro conocido por violaciones a los derechos humanos como Uganda. Un país donde no existen garantías de que no será torturado o que su vida no correrá peligro.
Técnicamente, se supone que el DHS los deporte una vez tenga garantías de que esos migrantes no serán torturados, pero en la práctica, se les ha deportado sin que exista esa certeza.
La deportación a terceros países con los cuales los inmigrantes no tienen ningún tipo de lazos es una de las armas del gobierno de Trump para remover a migrantes cuyos países no los aceptan, como Venezuela, que solamente los admite de vez en cuando.
Es además un arma de disuasión para que muchos inmigrantes se autodeporten, como ha ocurrido, por temor a ser detenidos y enviados, no de vuelta a sus países, sino a prisiones brutales en terceros países.
Uno de los muchos problemas es que ICE les notifica a los inmigrantes solamente horas antes que serán deportados a estos terceros países entorpeciendo todavía más el debido proceso de ley y la posibilidad de que sus casos se presenten ante un juez de apelaciones. La propia Corte Suprema de la nación permitió que las deportaciones a terceros países continúen mientras se dilucida su futuro en cortes de apelaciones.
A nivel nacional e internacional, grupos pro inmigrantes y pro derechos humanos denuncian las deportaciones a terceros países por violentar las protecciones internacionales que existen para quienes buscan asilo.
Y el caso de Ábrego García también pone sobre el tapete el daño emocional a nivel familiar. Su familia es de situación migratoria mixta como tantas otras a través del país. Su esposa y sus hijos son ciudadanos estadounidenses.
Se calcula que unos 5.5 millones de niños estadounidenses viven en hogares donde al menos uno de los padres es indocumentado y de esos, 1.8 millones viven en hogares con dos padres indocumentados.
El espectro del arresto y eventual deportación de uno o de ambos padres es devastador para esos niños y sus familias.
Un estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de California en Riverside, encontró que “los niños de familias con estatus mixto suelen vivir con una ansiedad anticipatoria crónica ante la posibilidad de que un ser querido sea detenido o deportado. Se ha observado que estos temores provocan ausentismo escolar, desinterés académico y un mayor malestar emocional… Estas experiencias debilitan los vínculos afectivos, erosionan la seguridad emocional e interfieren en el desarrollo saludable”.
En la cruzada antiinmigrante de Trump, el daño no es colateral. Es totalmente intencional.

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