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Crimen y Justicia

La ‘doctrina Donroe’ pone en jaque dos décadas de avance de China en Latinoamérica

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FOTODELDÍA AME2995. CARACAS (VENEZUELA), 07/01/2026.- Personas sostienen figuras del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y de su esposa Cilia Flores, durante una manifestación de simpatizantes del oficialismo este miércoles, en Caracas (Venezuela). El chavismo cierra filas tras la captura de Maduro en torno a Delcy Rodríguez, quien ejerce como presidenta encargada. EFE/ Miguel Gutiérrez

Lorena Cantó

Pekín, 8 ene (EFE).- La intervención estadounidense en Venezuela pone a prueba la influencia de China en Latinoamérica y a los países de la región entre la espada y la pared, presionados por Washington pero reticentes a darle la espalda a Pekín por los enormes intereses comerciales en juego.

Horas antes de ser capturado por tropas de EE.UU., Maduro se vio con el hombre fuerte de la diplomacia China para los asuntos latinoamericanos, el enviado especial Qiu Xiaoqi, cuya presencia en ese preciso momento en Venezuela apunta a que el gigante asiático ignoraba por completo lo que estaba por ocurrir.

Pero lo que no pilla de sorpresa a China es la irritación estadounidense por su creciente peso en la región, en la que entre 2010 y 2019 las inversiones directas chinas multiplicaron por siete las de la década anterior y solo en 2024 alcanzaron los 14.710 millones de dólares, según datos del Ministerio chino de Comercio y la Universidad Nacional Autónoma de México.

Se trata de inversiones estratégicas que han paliado el déficit endémico de Latinoamérica en cuanto a infraestructuras de transporte, comunicaciones y tecnología: el puerto de Chancay en Perú, fábricas de coches eléctricos en México y Brasil o el cuarto puente sobre el Canal de Panamá son algunos ejemplos.

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Un retroceso histórico

“Para los países latinoamericanos la situación es ruinosa, una tragedia. EE.UU. nunca podrá igualar las expectativas que se derivan de la relación con China en materia económica o comercial. Ni lo pretende. Asistiremos a una peculiar ‘acupuntura’ en la que EE.UU. va a imponer qué sí y qué no se puede hacer con China”, sostiene el exdirector del Observatorio de la Política China, Xulio Ríos.

A su juicio, “no solo es una afrenta humillante para la dignidad y la soberanía nacionales sino un retroceso histórico para la región, cuyo derecho al desarrollo será sacrificado en el altar de la sumisión al imperio”.

No obstante, varias fuentes diplomáticas consultadas por EFE consideran que no hay ‘doctrina Donroe’ (como ha bautizado el presidente estadounidense, Donald Trump, a su nueva cruzada por el dominio de la región) que pueda revertir en unos meses dos décadas de avance chino ni deshacer de un plumazo los fuertes lazos comerciales tejidos en ese periodo, incluyendo Tratados de Libre Comercio (TLC) con Chile, Costa Rica y Perú, y otros en negociación.

Pekín es hoy el segundo socio comercial de Latinoamérica, con un intercambio comercial de 518.470 millones de dólares en 2024, un 6 % más que el año anterior, con especial peso de la soja y productos mineros importados por China y de los vehículos eléctricos, maquinaria industrial y tecnología vendidos por el gigante asiático.

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Pragmatismo económico sobre ideologías

La mayor parte de los países latinoamericanos han reforzado sus embajadas en China en los últimos años, ilustrando cómo los vínculos se rigen por el pragmatismo y no por sintonías políticas, coinciden las mismas fuentes. Para muestra, las diluidas promesas electorales del argentino Javier Milei, que aseguró que cortaría con Pekín y no lo ha hecho.

Más allá, el mercado chino es una de las principales alternativas para América Latina ante la guerra arancelaria estadounidense, y lo mismo ocurre en el caso contrario.

En lo político, y pese al giro a la derecha cada vez más patente en la región, China aún cuenta con aliados potentes como Brasil o Colombia, países que han condenado sin ambages las acciones de Estados Unidos, aunque para Ríos, “la ola ultraliberal supone un alineamiento creciente de los gobiernos de la región con los intereses de EE.UU.”.

“Los gobiernos de izquierda podrían responder acercándose más a China, pero esto no les resuelve el problema principal, la seguridad”, que es un ámbito en el que el peso de China es prácticamente inexistente en la región.

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La pesadilla de Xi

A corto plazo, algunos analistas no esperan que Pekín opte por una confrontación abierta con Washington, pero sí que utilice lo ocurrido para tratar de reafirmarse como líder indiscutible del sur global frente a las tácticas intimidatorias de Washington.

“Pekín mantendrá un alto perfil diplomático pero tenderá a evitar enfrentarse a EE.UU. por Latinoamérica porque podría traerle mayores presiones en el este de Asia”, opina Song Luzheng, investigador de Relaciones Internacionales en la Universidad de Fudan, citado por medios locales.

Xulio Ríos cree que “China procurará asegurar sus intereses e inversiones y limitar daños”, aunque tampoco descarta que se defienda activamente “porque esta dinámica no se detendrá en Latinoamérica y lo sabe”.

“Una vez que Trump discipline a sus socios y aliados, incluido europeos, irá más decididamente aun a por China, que es su gran rival estratégico. Y el sueño de Trump, hacer a ‘América grande de nuevo’, se convertirá en la pesadilla de Xi”, vaticina. EFE

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lcl/gbm

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