Cultura
La hermandad entre Perpiñán y Mallorca lleva al sur de Francia al Miró más mediterráneo
Nerea González
Perpiñán (Francia), 27 jun (EFE).- Buscándose a sí mismo, en 1956 Joan Miró decidió alejarse de los grandes centros culturales e instalarse en Mallorca. Ese movimiento, que dio paso a una nueva era vital y artística del catalán, protagonizará hasta el final del año una exposición en Perpiñán, surgida del hermanamiento de la ciudad fronteriza francesa con Palma de Mallorca.
La muestra, titulada ‘Joan Miró. Majorque, l’atelier des rêves’ (‘Joan Miró. Mallorca, el taller de los sueños’), se podrá visitar en el Museo de Arte Hyacinthe Rigaud de Perpiñán desde este sábado y hasta el 31 de diciembre de 2026, y consta de un centenar de obras, prestadas en gran parte por la Fundación Pilar y Joan Miró.
“Es una tierra que es verdaderamente consustancial a su obra, a sus objetivos y a la expresión de un arraigo muy profundo (…) Él es verdaderamente como una planta que se nutría de la tierra, de ese ambiente que le era tan querido desde su infancia”, explicó a EFE sobre la relación de Miró con la isla balear Pascale Picard, directora del Museo Hyacinthe Rigaud.
Trasladarse fue una decisión “muy reflexionada” que coincidió con un “punto de inflexión” en su carrera, en palabras de esta experta que también es la comisaria de la exposición: “Él desea encontrarse a sí mismo, reconsiderar y poner en cuestión todo lo que hizo hasta 1956”.
Convertido ya en una celebridad artística establecida, no es que Miró quisiera “encerrarse en una mazmorra”, puntualizó Picard, sino “reflexionar y empujar aún más lejos los límites de su arte”.
Fue una etapa verdaderamente innovadora, pero es menos conocida para el gran público que el Miró precedente, el de las ‘Constelaciones’ y las obras inundadas de colores primarios.
Se manifestó a partir de los años sesenta en una libertad aún mayor del gesto pictórico, de la materia de trabajo y del signo, lo que diluyó definitivamente lo figurativo de su obra.
El negro cobró preponderancia entablando una lucha con el color y a esta época pertenece también, por ejemplo, el emblemático tríptico Azul I, II, III que posee el Centro Pompidou de París en su colección.
Esta revolución estética, además, vino con una reflexión sobre el final de su vida -aunque morirá mucho después, en 1983, en Palma de Mallorca, con 90 años- y sobre el legado de su obra que quedaría para las siguientes generaciones, una cavilación que conduciría al deseo de crear una fundación.
A través de pinturas, esculturas, cerámicas, dibujos, grabados y litografías repartidas en un espacio de 400 metros cuadrados, ‘Joan Miró. Majorque, l’atelier des rêves’ refleja esa era, pero también invita al visitante a explorar el proceso creativo de Miró.
Lo hace ofreciendo vistazos a su taller mallorquín, trasladado a Perpiñán gracias a fotos y objetos traídos desde la isla española, como pinceles, paletas y tubos de pintura.
Los maestros del Mediterráneo

La génesis de esta exposición parte del hermanamiento de Palma de Mallorca y Perpiñán, un vínculo simbólico oficializado en 2024 que, en realidad, se remonta a siglos atrás, cuando la ciudad francesa actuaba de capital continental del Reino de Mallorca, en el siglo XIII.
También busca subrayar, a través de la figura del pintor nacido en Barcelona, los vínculos con Cataluña de esta ciudad de 120.000 habitantes y del departamento francés de los Pirineos Orientales, que precisamente está en proceso de decidir si cambia su nombre a ‘Pirineos Mediterráneos’ o ‘Pirineos Catalanes’.
“Hablamos de Cataluña del norte cuando eres de aquí y de la Cataluña del sur, así que es verdaderamente importante para el museo Rigaud seguir enriqueciendo y multiplicando los vínculos de unión entre estos dos costados de los Pirineos”, recalcó Picard.
Igualmente, esta muestra es una manera de reivindicar la importancia del Mediterráneo en la historia del arte, algo que la pinacoteca de Perpiñán ya hizo el año pasado con una exposición dedicada a Pablo Picasso y que el próximo año continuará gracias a la figura de Salvador Dalí.
“Los convocamos no porque son estrellas de la historia del arte europeo, sino precisamente porque tienen esta identidad y sostienen esta idea de una relación mediterránea que nutrió los grandes movimientos” del arte, precisó Picard, y que estuvo “en el centro de la modernidad de la primera mitad del siglo XX”. EFE
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