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Ciencia y Tecnología

La sonda Van Allen de la NASA reingresa a la Tierra por el Pacífico sin causar daños

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Fotografía cedida por la NASA que muestra un par de sondas Van Allen, satélites gemelos lanzados en 2012 para estudiar los cinturones de radiación de la Tierra. EFE/NASA /SOLO USO EDITORIAL /NO VENTAS /SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA /CRÉDITO OBLIGATORIO

Miami (EE. UU.), 10 mar (EFE).- La sonda Van Allen Probe A, que estudió los cinturones de radiación de la Tierra, reingresó este miércoles a la atmósfera sin causar daños, casi 14 años después de su lanzamiento, informó la NASA.

Según la Fuerza Espacial el reingreso fue “sobre la región del océano Pacífico oriental” a las 18:37 EST (22:37 GMT), varios años antes de lo previsto.

“La NASA esperaba que la mayor parte de la nave se desintegrara al atravesar la atmósfera, aunque algunos componentes podrían haber sobrevivido al reingreso”, detalló la Fuerza Espacial.

La nave, con un peso de aproximadamente 600 kilogramos, se adelantó unos ocho años respecto a lo previsto debido a la intensa actividad del actual ciclo solar.

Cuando la misión terminó en 2019, los análisis indicaron que la sonda reingresaría a la Tierra en 2034, pero esos cálculos se hicieron antes del ciclo solar actual, que ha resultado mucho más activo de lo esperado.

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En 2024, los científicos confirmaron que el Sol había alcanzado su máximo solar, lo que aumentó la resistencia atmosférica sobre la sonda más allá de las estimaciones iniciales.

La NASA no informó de daños en personas en la Tierra por el reingreso, cuyo riesgo era muy bajo, estimado en 1 entre 4.200.

Las sondas Van Allen Probes A y B fueron lanzadas en agosto de 2012 con una misión inicialmente prevista de dos años, y su nave gemela, Van Allen Probe B, no se espera que vuelva a reingresar a la atmósfera terrestre antes de 2030.

Sin embargo, durante casi siete años han recopilado datos sin precedentes sobre los cinturones de radiación de la Tierra, conocidos como Van Allen, que son regiones formadas por partículas cargadas atrapadas por el campo magnético del planeta.

Estos cinturones protegen a la Tierra de la radiación cósmica, las tormentas solares y el viento solar constante, fenómenos que pueden ser peligrosos para los humanos y dañar tecnología en el espacio. Comprender su funcionamiento es clave para proteger satélites y misiones espaciales.

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Las sondas fueron las primeras diseñadas para operar durante largos periodos dentro de esta región, donde la mayoría de las misiones espaciales intentan minimizar su tiempo de exposición debido a la intensa radiación.

La misión ha realizado descubrimientos importantes, entre ellos la primera evidencia de la existencia de un tercer cinturón de radiación temporal, que puede formarse durante periodos de intensa actividad solar.

La NASA explica que concluyó en 2019 cuando ambas sondas agotaron su combustible y ya no pudieron orientarse hacia el Sol.

A pesar de que la misión terminó hace varios años, los datos recopilados continúan siendo fundamentales para comprender el clima espacial y sus efectos, indica la agencia gubernamental.

Los científicos siguen analizando la información para mejorar las predicciones sobre cómo la actividad solar puede afectar a satélites, astronautas y sistemas en la Tierra como las comunicaciones, la navegación y las redes eléctricas.

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