Ciencia y Tecnología
Los mosquitos Anopheles se alimentan de sangre humana desde hace casi 2 millones de años
Redacción Ciencia, 26 feb (EFE).- La preferencia de algunos mosquitos del tipo Anopheles (incluidos los que transmiten la malaria) por la sangre humana podría haber surgido con la llegada de los primeros homínidos al sudeste asiático, hace aproximadamente 1,8 millones de años, según un estudio publicado este jueves en Scientific Reports.
Aunque la preferencia por alimentarse de sangre humana es poco común entre las 3.500 especies de mosquitos conocidas, las que lo hacen suponen un problema porque se convierten en vectores que propagan patógenos causantes de enfermedades como la malaria.
Entender cuándo y por qué los mosquitos evolucionaron para alimentarse de sangre humana podría ser de ayuda para buscar mejores maneras de evitarlos.
Para hacer el estudio, un equipo internacional liderado por Upasana Shyamsunder Singh, de la Universidad de Vanderbilt (Estados Unidos) y por Catherine Walton, de la Universidad de Manchester (Reino Unido), secuenció el ADN de 38 mosquitos de once especies del grupo Anopheles Leucosphyrus recogidas entre 1992 y 2020 en el sudeste asiático.
Las secuencias, con la ayuda de modelos informáticos y estimaciones de las tasas de mutación del ADN, permitieron a los investigadores reconstruir la historia evolutiva de las especies de mosquitos del grupo Leucosphyrus.
Los resultados sugieren que la preferencia por alimentarse de humanos surgió en este grupo de mosquitos hace entre 2,9 y 1,6 millones de años en una región conocida como Sundaland, que incluye la península malaya, Borneo, Sumatra y Java.
Hasta entonces, los ancestros de este grupo de mosquitos se alimentaban de primates no humanos.
Este periodo, apunta el estudio, coincide con la fecha más temprana propuesta para la llegada de la especie Homo erectus a la región (hace unos 1,8 millones de años) mucho antes de que lo hicieran los humanos modernos (hace entre 76.000 y 63.000 años).
Los autores creen que los mosquitos, que ya picaban a otros primates de los árboles, descubrieron que había un nuevo ‘alimento’ caminando por el suelo, pero para que los mosquitos cambiasen sus preferencias alimentarias, hicieron falta múltiples mutaciones en los genes encargados de detectar el olor corporal para poder reconocer a los H. erectus como nuevo alimento.
Sin embargo, para que la selección natural llevase a cabo los cambios genéticos necesarios para que los Leucosphyrus adquirieran preferencia por el olor corporal humano tuvo que haber una cantidad “sustancial” de H. erectus en Sundaland hace 1,8 millones de años, apuntan los autores.
Además, el estudio, a través del ADN de los mosquitos actuales, aporta pruebas ‘biológicas’ que demuestran que hace casi dos millones de años nuestros ancestros, el H. erectus, ya estaba en el sudeste asiático, algo esencial dado el limitado registro fósil de esta zona.
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