Crimen y Justicia
Pese a la guerra, la base antártica Vernadski mantiene a Ucrania en la escena científica
Leópolis (Ucrania), 1 feb (EFE).- Pese a la carga que supone la guerra, Ucrania ha logrado mantenerse como uno de los 30 países que investigan durante todo el año en la Antártida, y su Base Vernadski ofrece a sus científicos la oportunidad de contribuir a estudios punteros.
“El hecho de que haya pasado allí dos años no quiere decir que me guste tanto el frío”, dijo a EFE Serguí Glotov, un biólogo de 39 años que participó en dos expediciones a la Antártida entre 2022 y 2024.
Los cortes del suministro eléctrico y los parones de la calefacción que sufre la ciudad de Leópolis (oeste) hacen que el Museo Natural sólo funcione de forma intermitente. Pero aun así, la exposición sobre la investigación en la base más meridional de Ucrania, situada unos 1.000 kilómetros al sur del cabo de Hornos, atrae a muchos visitantes, incluidos niños.
Una importante base científica

Glotov, que ha aportado a la exhibición las fotos que tomó y sus equipos, era un alumno de secundaria en la región de Lugansk, ahora ocupada por los rusos, cuando una visita del zoólogo y científico polar Ihor Diki hizo nacer en él el sueño de viajar al continente cubierto de hielo.
En las estaciones soviéticas en la Antártida ya trabajaron científicos ucranianos, pero el país solo recibió su propia base en 1996, cuando se la cedió el Reino Unido.
Fue allí donde en la década de 1980 los científicos británicos habían descubierto el agujero en la capa de ozono. Desde entonces, las misiones ucranianas han recogido la serie de datos ininterrumpida más larga al respecto y han documentado el gradual cierre del agujero.
Como muchos otros de la comunidad antártica ucraniana, Diki se unió al ejército tras la invasión rusa de febrero de 2022. Aun así, la estación ha seguido funcionando sin interrupción, y los miembros que regresan de las expediciones anuales procesan los datos recopilados y comparten la experiencia adquirida gracias a las colaboraciones internacionales.
Además del personal esencial, que incluye por ejemplo a un médico y a un electricista, entre ocho y nueve científicos están en la base de forma permanente dedicados a diversos proyectos, muchos de ellos financiados con fondos europeos.
Entre los ámbitos que investigan se hallan los factores que impulsan el cambio climático. Los científicos ucranianos han contribuido por ejemplo a estudios sobre los ríos atmosféricos de la Antártida y las corrientes oceánicas en la región.
Desafiando la guerra

La invasión rusa amenazó inicialmente el futuro de la base. Glotov y sus compañeros de equipo tuvieron que viajar a Vernadski mientras las fuerzas rusas avanzaban sobre Kiev.
El buque rompehielos y de investigación Noosfera había logrado escapar por un estrecho margen al bloqueo marítimo al zarpar unas semanas antes del puerto de Odesa, que más tarde sufriría intensos bombardeos.
El papel de Noosfera a la hora de aprovisionar las bases de otras naciones, así como la participación de la Base Vernadski en proyectos internacionales, han contribuido a mantenerla en funcionamiento, a pesar de que la guerra ha recortado al mínimo el presupuesto destinado a la ciencia.
Aunque es pequeña en comparación con las bases de EE. UU. o de China, Vernadski es de gran importancia para la escena científica ucraniana, explica Glotov, y para muchos investigadores representa la cumbre de su carrera.
“Al contrario que en una institución sin calefacción y sin financiación en tiempos de guerra en Ucrania, en Vernadski puedes trabajar con equipos modernos y colaborar con científicos europeos”, señaló.
Sus ojos se iluminan cuando recuerda la fauna y la flora que estudió cerca de Vernadski. Tras regresar en 2024 y con el presupuesto ucraniano para investigación bajo mínimos, ahora combina trabajos en cuatro instituciones distintas.
Sin embargo, sigue analizando datos junto con colegas internacionales, entrena a investigadores ucranianos y ha lanzado una iniciativa de entomología, como parte de la cual hay científicos trabajando en reservas naturales situadas a apenas 10 kilómetros del frente en la región de Donetsk.
“El programa antártico ucraniano es una ventana a la ciencia de renombre global para los investigadores del país. Ha cambiado mi visión de cómo puede funcionar la ciencia moderna”, afirmó, explicando cómo la cooperación puede hacer posible la investigación incluso en condiciones muy difíciles.
En medio de la guerra, Vernadski se mantiene como uno de los pocos bastiones ucranianos en el panorama científico mundial, con cooperaciones que se extienden también hacia España y América Latina.
Ahora que el país depende de la ayuda internacional en su defensa contra Rusia, mantenerla es importante para la posición global de Ucrania, argumentó Glotov. “Cerrarla sería como cerrar las embajadas ucranianas en el Reino Unido o en Estados Unidos”, concluyó.
Rostyslav Averchuk
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