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Crimen y Justicia

Regresar a casa, un camino lleno de minas tras tres años de guerra en Sudán

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Un refugiado sudanés camina en un punto de encuentro para autobuses dispuestos para su regreso voluntario de Egipto a Sudán, el 12 de abril de 2025 en El Cairo, Egipto. EFE/EPA/MOHAMED HOSSAM

Jartum, 14 abr (EFE).- «Munición para armas pesadas, artefactos sin explotar y un montón de maleza» es lo que se encontró el joven Mohamed al Samani al llegar a su casa, un hogar del que, como otros 13 millones de sudaneses, tuvo que huir para salvar su vida y la de su familia tras el estallido de la guerra en Sudán, que mañana miércoles cumple tres años.

Desde el barrio de Shambat, en la localidad de Jartum Norte, vecina de la capital sudanesa, la vivienda de Mohamed fue testigo de los feroces enfrentamientos entre el Ejército de Sudán y el grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), que provocaron la destrucción de la ciudad y la huida de casi todos sus residentes.

«Cuando abrí la puerta encontré una gran cantidad de munición sin explotar en el patio. Vi una incrustada en la pared de la casa del vecino», relata a EFE el joven, que regresó a su hogar antes de marzo de 2025, cuando el Ejército liberó Jartum después de que las FAR se hicieran con su control al inicio de la guerra.

Un regreso lleno de peligros

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Más de 3,8 millones de personas han regresado a sus hogares en los últimos tres años en Sudán, según el último informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que estima que alrededor del 16 % de los retornados han vuelto al país africano desde el extranjero.

Sin embargo, la mayoría de los sudaneses se encuentran con un panorama devastador al volver a sus casas, o lo que queda de ellas, con calles plagadas de restos de guerra en Jartum, bloques de pisos enteros aún vacíos y medio destruidos y una sensación difícil de explicar para los residentes.

Precisamente, las municiones sin explotar son una de las principales preocupaciones del director del Centro Nacional de Acción contra las Minas de Sudán, el general de división Jaled Hamdan, que advierte a EFE que el principal desafío es que estos peligros se encuentran «dentro de las ciudades, incluso de barrios residenciales».

Según el militar, es una diferencia respecto a las otras dos guerras civiles que vivió Sudán desde la segunda mitad del siglo pasado hasta principios del actual, cuando las minas se concentraban en las zonas periféricas y estaban alejadas de los núcleos urbanos.

«Estábamos a punto de declarar a Sudán libre de minas para 2027 (…) pero la situación cambió drásticamente y los restos de guerra y las minas se han extendido a muchos estados, incluyendo Jartum», lamentó Hamdan.

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En los últimos dos años, calcula que sus 15 equipos y él han destruido alrededor de 150.000 artefactos explosivos y minas solo en el estado de Jartum.

Muchos retos y precios altos

Vivir en una Jartum que todavía está tratando de alzar la cabeza tiene muchos otros retos, como la subida generalizada de los precios del combustible, el pan y otros bienes y servicios, además del desplome de la moneda local frente al dólar estadounidense.

Además, la actividad en algunos mercados como Al Thawra, en la también vecina localidad de Omdurmán, ha disminuido significativamente tras la retirada de las FAR de la capital debido a que miles de familias que buscaron refugio en aquel último bastión del Ejército ahora han vuelto a sus barrios.

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Y es que la relativa estabilidad que atraviesa el área metropolitana de Jartum ha provocado una migración inversa, exacerbada además por unos alquileres que están por las nubes y que se han convertido en inasumibles para muchos comerciantes, que están optando por volver a sus regiones de origen porque el coste de vivir es menor.

Por otro lado, las dificultades de quienes decidieron quedarse aumentan cada día, como explica a EFE Musa Mujtar, que perdió su casa y todas sus pertenencias durante el saqueo de Omdurman. No encontró nada a su regreso, y continúa trabajando en el mercado de Jalifa para poder sobrevivir, como tantos otros sudaneses.

Según Naciones Unidas, unas 33,7 millones de personas requieren algún tipo de ayuda humanitaria en Sudán, mientras que la organización Norwegian Refugee Council (NRC) reveló en un informe más del 80 % de las familias en el país africano están omitiendo o reduciendo sus comidas diarias.

Al Nur al Zaki

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