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Ciencia y Tecnología

Texas busca ser potencia en centros de datos, pese a escasez de agua y rechazo ciudadano

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Archivo. EFE/ Angel Colmenares

Austin (Texas), 27 feb (EFE).- Después de vivir durante más de diez años en Texas, Chris O’Riley se acostumbró a ver en su barrio carteles que le recuerdan que el agua escasea. Restricción de agua nivel uno, nivel dos, limitar el uso no esencial, no regar el césped. Por eso, cuando se enteró de los planes para construir un gran centro de datos -instalaciones que consumen en promedio 300.000 galones de agua al día- a menos de diez kilómetros de su hogar se llenó de indignación.

“Nos dicen que seamos conscientes de nuestro gasto, pero luego estas compañías pueden llegar y tomarla así nada más”, cuenta O’Riley a EFE.

Texas se encamina a convertirse en potencia para los centros de datos, impulsado por la administración de Donald Trump, que considera estos proyectos esenciales para mantener la ventaja tecnológica- especialmente el boom de la Inteligencia Artificial- y la seguridad nacional de EE.UU.

Según varios análisis de la industria, Texas podría convertirse en el mayor mercado para centros de dato del mundo para el 2030, superando a Virginia, gracias a su vasta extensión de tierra y menores regulaciones al sector privado.

Miles de millones de dólares están siendo inyectados en enormes “granjas” de inteligencia artificial, incluyendo el proyecto Stargate, financiado por OpenAi, SoftBank y Oracle y Project Matador, que se espera sea el mayor centro de datos del mundo. Ambos están ubicados al oeste de Texas y han recibido el espaldarazo de la Casa Blanca.

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Este ‘boom’ ha provocado el rechazo en algunos ciudadanos como O’Riley, que se rehúsan a compartir recursos con los servidores y se preguntan si sus líderes han considerado las consecuencias que estas montañas de servidores tendrán en la región y sus habitantes.

“¿Qué va a pasar? ¿Nos van a castigar o a cobrar más por la nueva escasez, por que se lleven más recursos?”, explicó durante una manifestación a principios de mes en contra de la construcción de un centro de datos en Round Rock, un suburbio de Austin, la capital del estado.

Varios estudios sobre el impacto ambiental de los centros de datos confirman sus temores. En los próximos cuatro años, la tasa actual de crecimiento de la IA generará cada año entre 24 y 44 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono en la atmósfera, una cantidad equivalente a sumar entre 5 y 10 millones de automóviles a las carreteras de EE.UU.

También consumiría entre 731 y 1,125 millones de metros cúbicos de agua al año, lo que equivale al consumo anual de agua de 6 a 10 millones de hogares estadounidenses, de acuerdo con la Universidad de Cornell.

Desde antes de la carrera por construir centros de datos, Texas se enfrentaba a una crisis de agua a largo plazo, con un sistema hídrico al límite, especialmente en zonas áridas y suburbios que crecieron más rápido de lo esperado.

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Margaret Cook, ingeniera y experta en políticas ambientales, advirtió que, de no abordarse de manera adecuada, el impulso tecnológico en el estado va a desembocar en un “desastre”.

“Estamos ya en esa trayectoria, debido a la falta de transparencia y a la incapacidad de planificar”, señaló Cook, vicepresidenta del Houston Advanced Research Center de Houston a EFE.

Cook y sus colegas estiman que los centros de datos podrían aumentar aproximadamente un tres por ciento la demanda total de agua del estado en los próximos años, en un territorio que ya sufre escasez.

La mayoría de las empresas que construyen estos centros de datos no divulgan el uso esperado de agua e incluso en algunos casos han firmado acuerdos de confidencialidad con entidades locales, opacando la información que pueden acceder los ciudadanos.

Esa falta de transparencia, argumentó la experta, genera desconfianza, especialmente cuando las empresas aseguran que sus instalaciones son muy eficientes pero se niegan a compartir los datos.

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“Nadie quiere esto en su barrio”, sentenció Garry Oldham, impulsor del movimiento contra los centros de datos en Round Rock. Su petición, con la que intentó frenar los permisos para las instalaciones del gigante Skybox, fue en últimas descartada por el consejo local.

“No soy anti-tecnología, uso la IA casi todo los días, pero esto no debería construirse en un estado azotado por las sequías y con un sistema eléctrico inestable”, insistió.

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