Medio Ambiente
El exceso de CO2 en la atmósfera favorece la expansión de plantas leñosas en el Sahara
Redacción Medioambiente, 25 feb (EFE).- Un estudio internacional revela que el aumento de las concentraciones de CO2 en la atmósfera ha favorecido la expansión de plantas leñosas en el desierto del Sahara durante las últimas décadas, un fenómeno que podría alterar la dinámica ecológica del mayor desierto del mundo.
La investigación, publicada por la revista científica Nature Communications, analiza datos de satélites y modelos ecológicos para valorar la evolución de la vegetación en el Sahara y concluye que el efecto de fertilización del CO2 está aumentando el área de vegetación leñosa en zonas extremadamente áridas.
“Durante las últimas tres décadas -advierten los investigadores- 7,5 millones de km2 de biomas no forestales en el África subsahariana (el 55 % del total) experimentaron aumentos significativos en la cobertura leñosa”.
Según el estudio, el incremento del CO2 atmosférico mejora la eficiencia en el uso de agua por parte de las plantas, lo que permite a ciertas especies vegetales -principalmente las leñosas- expandirse en condiciones de escasas precipitaciones.
Este fenómeno podría estar detrás del aumento de la superficie vegetal en algunas zonas del Sahara, especialmente en sus extremos, y es posible que tenga efectos a escala climática más amplios, dada la extensión del desierto y su papel en la circulación atmosférica.
La investigación apunta que, aunque las precipitaciones son un factor determinante, el papel del CO2 es “significativo” y ayuda a explicar ciertos cambios que no solo se pueden atribuir a la variabilidad del clima natural.
En este sentido, se destaca que la expansión de plantas leñosas en el desierto podría modificar los equilibrios naturales de la zona, afectando incluso a la competencia entre las distintas especies de flora: herbáceas (sin tronco) y arbustivas (con tronco).
Estos cambios en la vegetación pueden traer implicaciones relevantes también en el ciclo del carbono, ya que una mayor cantidad de superficie leñosa podría “compensar potencialmente las pérdidas de carbono derivadas de la deforestación”, aunque ello depende también de factores como la frecuencia de sequías extremas.
El estudio concluye que comprender cómo responde la vegetación de las zonas áridas al incremento del CO2 es clave para mejorar las políticas climáticas y ecológicas futuras.
Además, reclama más observaciones a largo plazo y modelos integrados que permitan anticipar cuál será la evolución de estos ecosistemas en los que se prevé un “aumento de las temperaturas y las precipitaciones”.
“Aunque factores globales como el clima o el CO2 pueden aumentar el riesgo de expansión de plantas leñosas, su materialización depende en gran medida de las decisiones de gestión”, concluye el informe.
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