Crimen y Justicia
El bloque de centroderecha israelí que busca sacar a Netanyahu del poder
Jerusalén, 6 jun (EFE).- La principal alternativa al gobierno de Benjamín Netanyahu de cara a las elecciones israelíes de otoño no procede de la izquierda, sino de un bloque de centroderecha formado por tres dirigentes que, aun difiriendo en estilo y estrategia, comparten un objetivo: sustituir a la actual coalición y revertir lo que consideran un deterioro de las instituciones democráticas del país.
Tras 17 años en el poder en tres mandatos diferentes -el primero en 1996-, Netanyahu se enfrenta a los comicios acusando desgaste por sus casos de corrupción, la falta de asunción de responsabilidades tras los ataques de Hamás del 7 de octubre y su intento de concentrar poder en el Ejecutivo a costa de los tribunales y otros organismos de control.
En este panorama, le plantan cara el ex primer ministro Naftali Bennett -que en el pasado pactó con Netanyahu-, el líder opositor Yair Lapid -que impulsa junto a Bennett la formación Beyachad (Juntos, en hebreo)- y el ex jefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot -cabeza del partido Yashar! (¡Recto!)-.
Según explica a EFE la politóloga de la Universidad Hebrea de Jerusalén Gayil Talshir, la principal línea de fractura en la política israelí ya no se articula en torno al conflicto palestino-israelí, sino sobre dinámicas internas, en las que los tres líderes basan sus discursos.
“Israel es hoy una sociedad polarizada”, afirma. En una encuesta reciente realizada por la experta, el 59 % de los consultados identificó “las amenazas internas” como el principal riesgo para el futuro del país, pese a la guerra en múltiples frentes en la que Israel se ha visto implicado en los últimos años.
Más semejanzas que diferencias
Este reordenamiento del tablero político ayuda, según esta politóloga, a entender la estrategia de la oposición. El millonario Bennett, hoy uno de los favoritos en los sondeos, busca atraer a votantes de derecha desencantados con Netanyahu “mediante una imagen de gestor eficaz apoyada en su trayectoria previa como empresario”.
Lapid, por su parte, encarna el ala liberal y centrista, con un discurso sobre gobernanza, educación y limitación del poder político. Eisenkot, en cambio, ha construido su perfil en torno a la seguridad y el refuerzo de los servicios públicos.
Todos, dice Talshir, coinciden en la necesidad de una comisión estatal independiente que investigue los fallos que facilitaron el ataque del 7 de octubre, rechazan las exenciones al servicio militar para los judíos ultraortodoxos y abogan por restaurar el equilibrio entre poderes.
También comparten una visión similar en materia de seguridad, aunque con matices. Sin cuestionar la decisión de hacer frente militarmente Irán, Gaza o Hizbulá, critican a Netanyahu por la “ausencia de objetivos políticos claros que permitan cerrar los distintos frentes abiertos”.
Además, se han comprometido a no pactar con los partidos árabes a la hora de construir una coalición, una condición innegociable para la mayor parte de votantes conservadores.
Sin embargo, los sondeos no les dan hasta el momento una mayoría para gobernar. Según las últimas encuestas de los canales 11, 12 y 13, el bloque de estos tres líderes, contando a sus tradicionales aliados, aunaría 57 escaños, a cuatro de los 61 necesarios. Sin llegar a ese umbral, sí superarían a la actual coalición de Netanyahu, que solo consigue 53.
A la caza de los votantes de Netanyahu
“El estado actual de la democracia israelí es tan precario que, si logran derrocar a Netanyahu, aceptarán cualquier fórmula”, explica a EFE Ofer Kenig, experto en partidos israelíes afiliado al Instituto de Democracia de Israel, para quien el objetivo común es “hacer todo lo posible para lograr la salida de Netanyahu del poder”.
Bennet, Lapid y Eisenkot se afanan así por conseguir los votos del Likud, el partido de Netanyahu, pero el temor es que su excesiva tendencia al centro político termine alejando a votantes conservadores descontentos con el actual primer ministro.
Esa podría ser la razón por la que Eisenkot no ha anunciado por el momento su intención de gobernar con los otros dos, que constantemente le llaman a hacerlo.
También existe el riesgo de que los votantes de centro no quieran dar su apoyo a una coalición con Bennet. Es el caso de Sarit, una israelí a quien Bennett genera recelo por su pasado más vinculado a la derecha. Sin embargo, explicó a EFE desde Jerusalén, tanto Eisenkot como Lapid representan alternativas viables para ella.
A entre tres y cuatro meses de las elecciones, cuya fecha concreta está aún por fijar, el bloque opositor de centroderecha aparece aún como un espacio en construcción, más definido por su rechazo a Netanyahu que por un programa plenamente consolidado.
Una cooperación estrecha y su capacidad para mantener cohesionadas sensibilidades tan diversas será, según Talshir, uno de los factores decisivos en la próxima contienda electoral en Israel.
Yael Ben Horin y Miguel Flores
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