Fuente: Emanuel Bel Greco
09/04/2019

Como era de esperarse, Donald Trump ha lanzado su nueva propuesta para ser reelecto Presidente de los Estados Unidos.

Esto nos deja dos grandes lecturas en la geopolítica mundial: primero que las democracias son tan extrañamente encausadas a las voluntades mayoritarias y, segundo, que hoy en día es muy difícil medir valores y capacidades. 

Pero vamos por partes...

Cuando Donald Trump se apunta como precandidato de su partido para optar a las presidenciables del país, todos creíamos que era un chiste de mal gusto. Incluso, muchos analistas caímos en la tentación de leer este hecho como un distractor o elemento sucio para otro candidato. Sin embargo, la ideología Trump era odiada por todos... menos por la mayoría que votó por él. Esta mayoría silenciosa, inexpresiva, pero con hambre de un líder con rasgos de supremacía, poder, éxito y sin ataduras verbales, era lo que Estados Unidos quería a gritos. 

Los norteamericanos ya estaban cansados de 2 décadas de decadencia, conflictos externos, inestabilidad económica y falta de liderazgo. 

Al llegar las elecciones todo el mundo se sorprende del nuevo presidente, todos a la expectativa y esperanza de que su boca no estuviera conectada con sus hechos, porque, la primera pregonaba una retórica muy peligrosa para el mundo y no estábamos seguros de sus hechos. 

No obstante, y siendo honestos, analizamos detenidamente y nos damos cuenta que el presidente que más ha amenazado al mundo con guerras, no ha participado en una sola, o por lo menos no ha detonado ninguna guerra. En ninguna época de los Estados Unidos se había defendido tanto la economía doméstica, las plazas laborales, el retorno de inversión y el ideal de un América Grande. 

Pero entonces... ¿cómo medir las capacidades de los gobernantes? Los resultados ya no son parámetro de una buena función pública. Hoy día, ocultar los avances de un país es demasiado fácil, las nuevas conciencias, nuevos criterios y  nuevos medios casi inmediatos, han hecho revolucionar el criterio colectivo con nulo análisis y fácil respuesta para el mundo por los mismos medios, y eso cambia completamente los parámetros de medición de funciones. Es decir, diez años atrás, la evaluación del colectivo poblacional a los gobiernos se le atribuía a  una mejora en la calidad de vida y que por correlación directa se le atribuía al presidente en turno. Hoy, no hay espera, no hay evaluación, no hay análisis, todo es inmediato, todo es poder de contacto comunicativo, todo es red, todo es sumamente manipulable. 

No sé si Donald Trump es buen presidente o no, lo que sí sé es que lo adoran detrás del closet y lo aborrecen abiertamente, y bueno o malo, los trumpistas de closet son mayoría estratégica. Con eso tiene el señor Trump para volver a ser el presidente de los Estados Unidos. 


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