Fuente: Coreen Villalobos Mundo
03/14/2019

Raleigh, N.C., 12 de marzo de 2019- Según las estadísticas manejadas por el Proyecto de Trabajadores Agrícolas de Carolina del Norte, entre marzo y septiembre vendrán entre 8,000 y 10,000 jornaleros para trabajar en los campos del estado, provenientes de otras regiones de Estados Unidos y de países latinoamericanos.

Este mencionado proyecto está activo en el estado desde 1994 y recibe fondos del Programa de Salud Rural del gobierno estatal y de la Universidad de Wake Forest, en cuyo seno se adelantan estudios acerca de cómo afectan los pesticidas a los trabajadores del campo.  

Janet Tapia forma parte de este proyecto, ejerciendo labores de educadora comunitaria, y aseguró en entrevista concedida, de manera exclusiva, a La Conexión USA, que debido al incremento en el número de trabajadores agrícolas que se espera, se han activado numerosos subprogramas de control, educación y defensa de los derechos de los jornaleros.

"Nuestro objetivo es ayudarlos a buscar soluciones a sus problemas, desarrollar el liderazgo y a conectarlos con los servicios de salud".

Algunas de las banderas enarboladas por esta institución es proteger a los jornaleros de los abusos de contratistas y rancheros, educarlos para que comprendan sus deberes y defenderlos en caso de que sus derechos sean violados.

Carolina del Norte recibirá, en los próximos meses, trabajadores con H2A (contratados que vienen de otros países), trabajadores temporales (quienes no se mueven de lugar) y trabajadores migrantes (que se mueven de estado a estado).

De acuerdo a las estadísticas manejadas por el Proyecto de Trabajadores Agrícolas de Carolina del Norte, la migración de jornaleros H2A representa el 80% del total de quienes labran las tierras cada año en este estado, sobre las cuales se siembran y cosechan muchos rubros desde abril hasta septiembre.

"En abril se planta el tabaco. En mayo se espera la plantación del camote. En junio comienza el pepino. A finales de junio, se tumba la flor del tabaco (uno de los trabajos más pesados y riesgos de la temporada). En julio, cortan la hoja del tabaco y comienza la siembra de sandía, melón y más pepino. En septiembre se cosecha el camote y el tabaco. En octubre, los jornaleros comienzan a regresar a México. Hay muchos que migran a otros estados a cortar pinos de navidad", puntualizó Janet Tapia.

Sin atención médica
A juicio de Janet Tapia, una de las agresiones más graves que los rancheros y contratistas cometen en contra de los trabajadores agrícolas es abstenerse de proveerles atención médica

"Tenemos muchos enfermos crónicos que han mejorado sus estados de salud gracias a nuestro programa. Nosotros detectamos, a través de entrevistas y cuestionarios, si ellos han sido expuestos a pesticidas o si son propensos a sufrir diabetes y presión alta. En estos casos, tomamos medidas de prevención específicas y redoblamos todo este esfuerzo después de la muerte de un joven en nuestros campos el año pasado", indicó la trabajadora social.

Abusos
Tapia enumeró los abusos comunes cometidos en contra de los trabajadores agrícolas.

En el caso de los que vienen con visa H2A, muchas veces no reciben el pago establecido en el contrato."El contratista les cobra el Seguro Social y, como muchos de ellos no reportan impuestos, no reciben la paga correspondiente a la forma W2 y el ranchero se queda con ese dinero".

El salario promedio de un jornalero es $11,25 la hora. A muchos trabajadores temporales y migrantes les pagan mucho menos que a los que tienen H2A. Los sueldos pueden ubicarse en $7 por hora, lo cual, según la opinión de Janet Tapia, es un abuso.

Por ley, quienes se dedican a este oficio, deben tomar un descanso de 15 minutos cada 4 horas y trabajar solo 8 horas diarias.

"Esta norma es comúnmente incumplida por los contratistas, lo que trae consigo la aparición de cuadros de deshidratación y descompensación porque laboran a altas temperaturas", precisó la educadora comunitaria.

Recordó que las casas donde serán alojados deben cumplir con todas las condiciones para garantizar seguridad y descanso. "Hay campamentos de 50 a 200 personas. 

En muchos de estos albergues los contratistas no proveen alimentos y obligan a los trabajadores a comprar comida a las cocineras que ellos imponen".

Tapia también reveló que generalmente los colchones están en malas condiciones y estas viviendas aún tienen letrinas y el patrón no les provee de cocinas.

"Nosotros les decimos que reporten los abusos. Les tratamos de dar seguridad y confianza. Cuando ellos reportan, hay más fuerza. Los motivamos y les apoyamos para que hagan denuncias formales", dijo.

Retrasos y secuestros
En torno a la labor de los trabajadores agrícolas se tejen muchas otras irregularidades, de acuerdo a las confesiones de Janet Tapia.

"Cuando llegan de México, muchas veces esperan un mes para trabajar. Durante ese tiempo, tienen dificultades para comer y acuden a Telamon y a nosotros para pedir ayuda. Desafortunadamente, se ha vuelto común el pago de $500 a $1,000 para que puedan ser contratados. En muchos casos, el ranchero les retiene los pasaportes hasta que regresen a México y ésta es una manera de secuestro. Así se aseguran que no se les vayan a otros campos".

Calificó de preocupante que "los migrantes sigan siendo víctimas de variados abusos. Algunas mujeres son acosadas por los contratistas y los mismos compañeros de trabajo. Algunos contratistas traen gente de México y otros países, a través de coyotes, y ellos están obligados a trabajar con un mayordomo hasta que paguen una deuda que anualmente oscila entre $3,000 y 5,000. Solo después de pagar las deudas, los dejan trabajar donde ellos quieran".


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