Fuente: EFE
01/14/2020

Colombo, 14 ene (EFE).- Sri Lanka, la isla de playas blancas y grandes plantaciones de té en el Índico, ha hecho desplomar sus tarifas para viajeros en un intento por recuperar la afluencia de turistas al país, que alimentan en buena parte su economía, tras el desplome del turismo en 2019 presionado por los ataques terroristas del Domingo de Pascua.

La sensible contracción de la actividad turística de uno de los destinos favoritos en el sur de Asia es una de las secuelas que todavía intenta superar Sri Lanka tras los ataques yihadistas contra tres hoteles de lujo y tres iglesias católicas en plenas celebraciones de Semana Santa del pasado año, en los que murieron 269 personas, varios de ellos turistas extranjeros.

Según datos oficiales, cerca de 40 de los muertos y 19 de los heridos eran visitantes extranjeros, de distintas nacionalidades, varios de ellos chinos, daneses, españoles, británicos e indios.

Los datos del Ministerio de Turismo de Sri Lanka señalan que la caída del número de visitas inmediatamente después de los atentados fue de un 70 %, pasando de 166.975 turistas a 37.802 entre abril y mayo de 2019.

Según el balance del año, en 2019 se registraron solo 1,9 millones (1.913.702) visitas, un 18 % menos que en 2018.

Los datos del Ministerio revelan además que, en los tres primeros meses del año, el turismo creció un 2,2 % en enero, un 7 % en febrero y un 4,7 % en marzo; pero a partir de los ataques de abril, la tendencia se invirtió y todos los meses han registrado descensos, que se fueron moderando hasta el 4,5 % de turistas que perdió en diciembre respecto al año anterior.

Los cinco principales mercados de origen, según la Autoridad Nacional para el Desarrollo Turístico de Sri Lanka ( SLTDA), fueron India, Reino Unido, China, Alemania y Australia.

PÉRDIDAS ECONÓMICAS

Sin embargo, según los expertos estos datos siguen sin reflejar el drama completo de la industria de servicios, debido a que no muestra las pérdidas económicas del sector durante el último periodo comparado con el 2018.

"Cuando comparamos esto con los ingresos de 2018, el 2019 registró una caída drástica. Incluso a día de hoy seguimos recibiendo cancelaciones de turistas que tenían reservas para el próximo mes de febrero", explicó a Efe la directora de Ventas y Marketing en Lion Royal Resorts, Roshi Stronach.

Desde los atentados del pasado abril, de los que fueron objetivo tres de los más exclusivos hoteles de la isla, las cadenas hoteleras dispararon una guerra de tarifas para competir dentro del mercado a la baja.

Alojamientos de cinco estrellas están ofreciendo tarifas de tres estrellas en un intento desesperado por atraer visitantes, y esto, en consecuencia, asfixia a los eslabones medios y bajos del sector, lamentó.

Habitaciones de unos 380 euros la noche en uno de los hoteles más lujosos del país, tienen ofertas estos días de suites, con desayuno incluido, por 88 euros la noche, presionando a las categorías inferiores a ofrecerse a la mitad de esos precios frente a una evidente escasez de turistas.

El ex director general de SLTDA y veterano de la industria Upali Ratnayake concuerda en que los números de la autoridad turística sobre la cantidad de visitas muestran apenas los datos incompletos del panorama.

Hace falta ver datos más claros para entender el porqué de la caída de la industria, o porqué los ingresos de visitantes no se convirtieron en ingresos o ganancias para el sector, indicó Ratnayake.

PLAN DE PROMOCIÓN

Frente al deterioro, el presidente de Sri Lanka, Gotabaya Rajapaksa, ha ordenado el desarrollo de un plan de promoción para el país y el repunte del turismo en los próximos cinco años.

"Se deben tomar pasos de resultados inmediatos. Estoy preparado para tomar las decisiones que deben tomarse para el país sin temor", afirmó Rajapaksa, electo hace unos meses en una campaña impulsada principalmente por los temores de la población tras los ataques.

El objetivo de Rajapaksa es conseguir un ingreso de 10.000 millones de dólares a través del turismo antes de que concluya el 2025, un objetivo ambicioso si se piensa en ese monto mientras se observan las deshabitadas playas de Colombo.

Aanya Wipulasena


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